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Marzo 13, 2010
Marzo 2010, No. 252
 
La recta final
José Guadalupe Robledo Guerrero.

El tiempo voló. El inicio del 2010 fue para Humberto Moreira Valdés el principio de la tercera y última etapa de su sexenio: La Recta Final, y aunque el gobernador no atendió en las dos primeras etapas los tradicionales cánones de la política a la mexicana, lo cierto es que esta etapa final será primordialmente para escoger a su sucesor y entregarle la gubernatura de Coahuila.

Por tal motivo, ya es posible hacer un intento de evaluación del sexenio moreirista. Para empezar, es fácil concluir que Humberto Moreira le apostó principalmente a dos cuestiones: A la obra pública, en donde privilegió la construcción de puentes viales, y el combate a la pobreza.

En estas dos áreas, HMV ha puesto todo su empeño, esfuerzo e inversión estatal, y aunque la pobreza en Coahuila no era tan grave como en otros estados, Humberto le echó todos los kilos y transformó físicamente ejidos, comunidades rurales, colonias populares, zonas marginadas. En Coahuila el núcleo de la pobreza no extrema era de alrededor de un cinco por ciento de la población.

A HMV lo ayudó la suerte en sus primeros años de gobierno: tuvo mayor presupuesto que el resto de sus antecesores y gozó de partidas extraordinarias por los excedentes petroleros. Estas millonarias sumas -de las que aún no se conocen cifras-, son objeto de la especulación. Fueron días de bonanza y derroche en el país, pero luego apareció la crisis “venida de fuera”, y la pesadilla llegó a las finanzas estatales. Pese a que la crisis se anunció con muchos meses de anticipación, todos los funcionarios la minimizaron.

Se pusieron en quiebra las armadoras que sustentan la economía de la región sureste, y comenzaron los problemas. El pasado mes de diciembre, el gobernador le compartió a los coahuilenses una realidad: Existe un déficit o deuda de mil millones de pesos (sus malqueriente hablan de una cantidad mayor). Recientemente con franqueza comentó que la mayoría de los municipios coahuilenses, salvo Saltillo y Torreón, se encontraban quebrados, no tenían recursos para pagar la luz ni el agua. Así de grave es su situación, algunos de ellos están ya endeudados.

Para algunos ciudadanos la culpa de estas anómalas circunstancias es de los ineficientes colaboradores. Tal vez todavía no se vislumbra, pero Humberto Moreira, un gobernante de mucho trabajo y gran pasión social, fue minimizado por la pequeña estatura de sus funcionarios que no estaban preparados para gobernar, menos en tiempo de crisis.

En lo político-electoral no hay discusión. Todo mundo sabe que Humberto y su hermano Rubén se han revelado como eficientes estrategas en los procesos electorales en favor de su partido, el PRI. Lograron convencer a panistas de las colonias populares que por su extracción de clase estaban equivocadamente militando en el PAN. Pero hasta la fecha no han podido convencer a los sectores más recalcitrantes del panismo aldeano, quienes siguen insatisfechos a pesar de que sus negocios han sido beneficiados con las obras públicas y con prebendas, y esperan tiempos mejores para enfrentar al moreirismo.

El gobernador y el Presidente del PRI coahuilense (Humberto y Rubén) se ven solos, aunque siempre estén acompañados. Sólo la voz de los beneficiarios directos se escucha, tímida y organizada desde arriba, para hacerle reconoci- mientos a la obra gubernamental. Nadie más ha levantado la voz para reconocer la obra desarrollada y para avalar las posturas de quienes gobiernan al estado. Ningún sindicato de la CROC, CTM o CNOP han reconocido o apoyado las diferencias de Humberto y Rubén con la federación, menos aún los empresarios, comerciantes y constructores. Pero tampoco lo ha hecho cualquier otro gobernador priista.

Para muestras basta un botón: cuando Felipe Calderón envió Michoacán a la policía federal y al ejército en un operativo contra el narcotráfico, las voces de inconformidad no se hicieron esperar: El PRD protestó al igual que gobernadores, legisladores y políticos perredistas, arguyendo la violación a la soberanía del estado michoacano. En febrero pasado, cuando hizo lo mismo Calderón, pero esta vez en Monclova, salvo la respuesta de Humberto Moreira, nadie más abrió la boca para protestar, ni para apoyar al gobernador.

Otro ejemplo: Cuando todos suponían que el panista Guillermo Anaya Llamas era en Coahuila un cadáver político, salió a la luz el escándalo del Monedero de la Gente, y lo revivió. Envalentonado, el ex Alcalde de Torreón acusado de malos manejos en Simas, se apersonó en el Palacio Rosa acompañado de algunos de sus iguales, y entregó una carta donde retaba a Humberto Moreira a debatir sobre lo que quisiera: programas federales, “gasolinazo”, etc., etc., pero también sobre el Monedero. Inusualmente el gobernador no respondió. Rubén condicionó a que si el Presidente Calderón aceptaba un debate con él, entonces era posible que el gobernador de Coahuila debatiría con el senador coahuilense.

Al margen de estos sucesos, para muchos beneficiarios del moreirismo, la cuestión de la sucesión ya está resuelta: Rubén es el mero, mero, gritan a coro y actúan zalameramente. Para otros “moreiristas” la situación puede cambiar, y el gran dedo elector puede modificar su orientación, y como alternativa vislumbran a dos personajes sexenales: Eduardo Olmos Castro y Jericó Abramo Masso. Esto pone a temblar a los coahuilenses pensantes que se preguntan: ¿Estaremos tan jodidos? Pero hay otros que creen, que con cualquiera de estos dos Alcaldes, el PAN puede lograr el sueño de gobernar a Coahuila.

Lo cierto, aunque algunos no lo acepten, Rubén Moreira es el mejor candidato priista de cuantos se mencionan. Su ventaja es que lleva todo el sexenio en la pasarela política del estado y ha dado buenos resultados, revelándose como un buen organizador político-electoral...


robledo_jgr@hotmail.com
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   
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