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el periodico de saltillo

Enero 2018

Edición No. 347


¿A dónde vamos en el 2018?

Jorge Arturo Estrada García.

En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él.
John Fitzgerald Kennedy.

No hay un rey que, teniendo fuerza suficiente, no esté siempre dispuesto a convertirse en absoluto.
Thomas Jefferson.

La masa busca al líder, no porque lo estime sino por interés; y el líder acepta a la masa por vanidad o por necesidad.
Napoleón Bonaparte.


¿A donde vamos en el 2018? ¿Al colapso de la democracia, al conflicto, o a una nueva transición? El tóxico grupo mexiquense intentará quedarse en Los Pinos a toda costa, aunque tengan que prescindir del PRI, o una parte de él en el trayecto. Por tercera vez, Andrés Manuel López Obrador, parte como puntero en la carrera presidencial, y otra vez es estigmatizado por sus propios errores y deslices. En otro frente, el PRD se aferra a la tabla salvavidas que le ofreció el PAN de Ricardo Anaya, y forman una alianza cuyos alcances son inciertos, por el momento. El Modelo Coahuila de ganar elecciones en condiciones adversas, se convirtió en recurso de exportación, junto con su creador Rubén Moreira. Para Peña Nieto la operación electoral del coahuilense será crucial en la carrera de ambos.

epnEl fracaso de Enrique Peña Nieto es enorme y es evidente. Ya desmadró al país, aplastó al PRI y ahora va a intentar destruir a la débil democracia mexicana para poder imponer a su candidato. Y de esta forma, tratar de evitar las persecuciones políticas y judiciales que se darán en caso de que gane la oposición.

El presidente, su grupo y su candidato, José Antonio Meade, se enfrentan a un país irritado que los ha reprobado sistemáticamente. Los mexicanos ya lo bajaron del pedestal de Rockstar que le construyeron los medios, y ahora se burlan de él cotidianamente en las redes sociales. Las circunstancias son adversas, los candidatos opositores son fuertes y el suyo es débil. Habrá que imponerlo.

Enrique Peña Nieto ha sabido leer el enorme rechazo que su figura y su partido generan entre los mexicanos, por lo que decidió construir un candidato “ciudadano” que no fuera del PRI. Los tricolores lo aceptaron casi sin chistar. Los gobernadores se sometieron, lastrados por sus escándalos de corrupción y pactaron. La potencial rebelión de la vieja guardia priista, relegada por los mexiquenses, y que sería encabezada por Manlio Fabio Beltrones fue aplastada de manera fulminante por el “chihuahuazo” que tiene encarcelado al coahuilense Alejandro Gutiérrez. Así, en seis años pasamos del Viejo PRI de Madrazo, al Nuevo PRI de Peña, y al Sin PRI con Meade.

Las actitudes y los graves errores del presidente; la inseguridad, la corrupción, la impunidad; la deuda creciente, las devaluaciones, los gasolinazos, la carestía de la canasta básica, el miedo de las clases medias a caer en la pobreza, los salarios bajos como modelo básico del desarrollo del país causan hartazgo e irritación que puede convertirse en ira y movimientos sociales masivos, ante cualquier chispa que los detone. Las cosas están complicadas para este 2018, sobre todo para el presidente y el “partidazo”.

Los medios de comunicación, “nacionales” y tradicionales, ya no están construyendo opinión pública. Las instituciones y los actores políticos ya no están generando poder a través de la comunicación. Los medios, actualmente, sólo son útiles para comprar su silencio cómplice. Las cosas buenas que se cuentan ya no construyen imagen positiva para el presidente y su partido. Pero, Peña no se da por vencido y busca alternativas.

El presidente de la república sostiene que un candidato se puede construir de la nada, prácticamente. Él lo vivió en carne propia cuando Arturo Montiel lo designó aspirante a la guberna- tura del Estado de México. Sus asesores de imagen lo convirtieron en un “Rockstar” consentido de la televisión y los medios, y que generaba entusiasmo entre algunos electores. Al mismo tiempo consolidó y expandió a la Fuerza Mexiquense, una enorme estructura que usaba a los programas sociales para convertir apoyos a los pobres en votos. Peña remontó 20 puntos de ventaja que le llevaba el panista Rubén Mendoza, un político muy experimentado y lo derrotó sin problemas.

Así, él aprendió a ganar elecciones a través de uso intensivo de los medios, la construcción de enormes maquinarias electorales, la aplicación de programas sociales que reparten dinero y regalos diversos a sus estructuras y votos cautivos, todo esto con base en enormes cantidades de recursos financieros. Para 2018, ya controla al 40 por ciento del Instituto Nacional Electoral y al 80 por ciento del Tribunal Electoral Federal. No le importó debilitar al árbitro, INE; ni desprestigiar al tribunal, TRIFE. Había que allanar el camino, y los fallos acerca del Estado de México sirvieron para hacerlo, estableciendo criterios que favorecen su esquema. Sin embargo, sabe que actualmente el 80 por ciento de los mexicanos lo repudian a él y su partido y que tendrá que incluir nuevos ingredientes a la fórmula para poder ganar.

Para poder sacar la victoria en un medio tan adverso Peña recurre al Modelo Coahuila, en el cual se hace uso de todo el costal de mañas arcaicas del partidazo, que parecían desterradas, como colocar cadenas y candados en las puertas de las escuelas para retrasar la votación; engañar a funcionarios de casilla y representantes de partido para que no acudan el día de la jornada electoral y reemplazarlos por personajes tricolores; generar copias ilegibles y borrosas de actas de escrutinio para que los partidos no puedan conocer el 30 por ciento de los resultados y que no pueda cantar victoria que encuestas y conteos rápidos externos les darían. El PREP también se detendría, lo mismo que los conteos rápidos oficiales. Esto sembraría incertidumbre respecto al ganador, lo que el Trife resolvería posteriormente.

Ya se ha dividido y debilitado al INE, se ha cooptado al Trife, las casas encuestadoras y sus estudios son desprestigiados sistemáticamente. Las elecciones de Coahuila y el Edomex aportaron los fallos para poder rebasar topes de campaña, comprar votos en metálico y a postpago con Tarjetas Rosas y salir impunes, entre otras muchas cosas. La primera etapa es ampliar en todos los estados los programas sociales clientelares federales y locales al servicio de la estructura profesionalizada del tricolor que cobran en las nóminas oficiales o con dinero llegado de otros estados priistas en el caso de los 17 que no son gobernados por ellos.

Para todo eso se necesitan miles de millones de pesos. De los 10 gobernadores cercanos a Peña que son señalados por corrupción, los desvíos han ido a parar no sólo a las fortunas personales de mandatarios y sus funcionarios, sino a las campañas de los tricolores. Se menciona que miles de millones se canalizaron a las arcas del PRI, 250 millones con Manlio Fabio Beltrones y Duarte el de Chihuahua, 2 mil con Duarte el de Veracruz y 800 con Borge, también varios cientos en el caso del Moreirazo, con Javier Villarreal como emisario. En el caso de “La Coneja” Gutiérrez la operación incluyó Tamaulipas, Veracruz y Chihuahua, por ser estados sin gobernadores priistas. MARS

Esta maniobra es similar a la que los exgobernadores, Enrique Peña Nieto y Humberto Moreira, diseñaron para “arropar” a los CDE del PRI, en entidades huérfanas de PRI, entre 2006 y 2011. Así, ambos personajes se encumbraron entre los cientos de candidatos tricolores que recibieron sus apoyos y que así ganaron y recuperaron alcaldías, gobiernos estatales, diputaciones, etcétera. Les deben sus carreras políticas recientes. Así, Peña emergió como candidato presidencial y Humberto como presidente nacional del PRI.

Comunicación que genera apatía. Estamos formados para carecer de pensamiento crítico y convertirnos en un ladrillo más en la pared.

El dinero hacia el PRI y sus campañas es el hilo de la madeja. La corrupción y la impunidad son parte del modelo del Nuevo PRI que trata de ciudadanizarse con el “Ciudadano Meade”. Sólo así llegan los recursos indispensables para ganar elecciones. No importa si en el camino una parte se queda en los bolsillos de alguien.

En Coahuila el 2018 se dará en condiciones inéditas: el presidente la república va intervenir activamente en el proceso electoral federal y cada voto será muy valioso en escenarios tan competidos. El PRI local está debilitado por las derrotas, debe reconstruirse. Los coahuilenses lo repudian abiertamente, pero la maquinaria funciona bien en algunas regiones. Por primera vez en décadas, decenas de miles de personas salieron a las calles y plazas a reclamarles e insultarlos. Ni Anaya, ni Armando Guadiana ni Javier Guerrero lograr alimentar ni consolidar el movimiento social. Como candidatos fueron casi tan malos como Riquelme y como líderes quedan a deber. Guadiana y Guerrero le dieron el gane a Miguel Ángel, en Saltillo, Manolo Jiménez.

Los candidatos que maneja el tricolor no tienen arrastre ni prestigio y dependen completa- mente de la maquinaria. Ni Jericó Abramo, ni Verónica Martínez, ni Fernando de las Fuentes, ni Hilda Flores, ni Manolo Jiménez aportan mucho, aunque son las cartas fuertes del momento.

Por el lado de los panistas, como siempre, llegan mal preparados y divididos. Son pocos, flojos y conflictivos. Memo Anaya, Luis Fernando Salazar, Jesús de León y el fortalecido Jorge Zermeño son más competitivos que los ases priistas. Sin embargo, la mayoría no sabe ganar elecciones y siempre dependen de coyunturas para lograr sus triunfos.

Desde hace 18 años el PAN ha derrotado en las elecciones a senadores al PRI. Así perdieron Alejandro Gutiérrez y el Diablo Villarreal, Chuy María Ramón, Hilda Flores y Braulio Fernández. Memo Anaya, Jorge Zermeño, Ernesto Saro Boardman, Silvia Garza y Luis Fernando Salazar los derrotaron sin problemas. Se mencionó que los gobernadores de entonces no apoyaron al candidato presidencial tricolor o que, de plano, los priistas no supieron votar y se equivocaron al marcar la boleta en el 2012.

Para la guerra electoral, que se avecina en Coahuila, Memo Anaya y Jorge Zermeño son las cartas fuertes del PAN, mientras que para el atribulado tricolor sus protagonistas serán Jericó Abramo y Manolo Jiménez. Será un duelo entre Saltillo y Torreón. Riquelme ya declaró a Saltillo como su ciudad consentida. El gobierno estatal aún es débil y poco respaldado, no ha encontrado la forma de comunicar.

El panismo presenta personajes más consolidados, el PRI se tendrá que conformar con los “ocurrentes” Jiménez Salinas y Abramo Masso, personajes que “gobiernan” para la foto, las redes, y la burbuja de lambiscones que los rodean. Carecen de profundidad en sus acciones y proyectos, lo que se traduce en escasos resultados relevantes. Los perfiles de todos son de generaciones diferentes, pero ninguno de los cuatro puede decir que domina el arte de la comunicación para generar liderazgo ni entusiasmo que arrime votos nuevos. Los panistas son viables en las coyunturas, y los priistas en el clientelismo y en la compra de votos.

El PRI está debilitado social y políticamente como nunca antes a lo largo y ancho del país. Lo mismo que el PAN y el PRD. Morena le juega al antisistémico. El voto útil podría ser decisivo. El presidente se aferrará al Modelo Coahuila para lograr el triunfo de Meade. Esto invariablemente lo llevará a chocar con el resto de los mexicanos. Actualmente, ya no es sólo el enfrentamiento entre partidos el que veremos en julio del 2018, será algo de dimensiones mayores, inédito e impredecible.

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