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el periodico de saltillo
Octubre 2016
Edición No. 332


Responsabilidad familiar, es por lo que deberíamos
manifestarnos… y cumplir



Jesús M. Moreno Mejía.

La responsabilidad es
antes que la usanza
Parafraseando a
P. Hindenburg

 

 

Dos organizaciones antagónicas se manifestaron públicamente en la Ciudad de México el pasado mes de septiembre en defensa de sus ideas: unos por la denominada familia tradicional y otros por el matrimonio igualitario. Los dos con puntos de vista muy respetables, pero inadmisibles porque olvidaron que existen dos valores que están por encima de las costumbres y la equivalencia: la libertad y la responsabilidad.

La unión de un hombre y una mujer con el fin de procrear hijos es considerada una institución en todo el mundo, pero en la actualidad han surgido ideas modernas que no compaginan con lo anterior, como es la alianza de dos personas de un mismo sexo con finalidades similares al matrimonio tradicional, incluyendo la crianza de infantes.

Juzgar el comportamiento ajeno es parte de la condición humana y en ocasiones elevamos nuestro pensamiento a nivel de dogma, sin considerar que no todos razonamos igual y descalificamos en ocasiones la opinión de otras personas, equivocadas o no.

La libertad es la facultad natural que tiene el ser humano de obrar de una manera o de otra, o sea el libre albedrío, que el mismo San Agustín identificó como “la libertad concedida al hombre para tener los méritos requeridos (para ser bueno o no), no por necesidad sino por su libre voluntad”.

Ahora bien, hasta hace no muchos años las personas que nacían con tendencia homosexual tenían “que vivir en el closet”, ya fuera reprimiéndose voluntariamente o por decisión de sus familiares (en primera instancia sus padres, hermanos, tíos o tutores).

Sin embargo, demostrado está que el homosexual nace como tal (no se hace), pues las hormonas que rigen su comportamiento ya están presentes en el feto a través de sus glándulas, desde el hipotálamo a través de la glándula pituitaria (hipófisis), y por consiguiente no se trata de una enfermedad sino una condición de vida, y por lo tanto es su particular naturaleza, según lo establecen las investigaciones del Dr. Simón Le Vay, neurocientífico y neurobiólogo británico-estadounidense, dedicado al estudio de la homosexualidad humana.

Desgraciadamente, hay grupos homofóbicos que niegan las bases científicas del porqué de la homosexualidad, y en cambio ésta (para ellos) es una “desviación o depravación” de dichos individuos, y por extensión de las mujeres lésbicas (que en realidad son homosexuales, pero del género femenino por sus condiciones anatómicas y fisiológicas).

Entendemos que el problema de no reconocer los matrimonios igualitarios tiene otras ángulos a considerar, pues la palabra matrimonio en su correcta acepción es la unión de un hombre con una mujer, pero al complementarse con el adjetivo igualitario, entraña entonces una parecido a la institución matrimonial, que incluso propugna por una igualdad social.

En nuestro estado se reconoció civilmente a las de uniones igualitarias como un Pacto Civil de Solidaridad, pero derogándose éste en 2014 en el Código Civil de Coahuila (el primero en reconocer ese tipo de anexión de personas de un mismo sexo en todo el país), para dar paso a la figura jurídica denominada Sociedad de Convivencia, equivalente al matrimonio de un hombre y una mujer, e incluso con la libertad de decidir la posibilidad de procrear un hijo por algún método científico o bien adoptar menores en su seno.

Por cierto, en la Ciudad de México también se reconoce el matrimonio igualitario, no así en otras entidades del territorio nacional.

Uno de los principales motivos de protesta de quienes no están de acuerdo con los matrimonios igualitarios, es la posibilidad de tener niños a su cuidado ya sea por adopción o por haberlos procreado mediante algún método de reproducción no convencional, pues hay quienes han expresado su temor de que esos infantes “sean pervertidos” o de ser criados en un ambiente diferente a lo tradicional, “volviéndolos unos inadaptados”, aseguran.

Definitivamente que lo anterior es un pensamiento negativo, pues se prejuzga a dichas parejas, sin detenerse a considerar que existen matrimonios heterosexuales (o sea entre un hombre y una mujer), que no educan responsablemente a sus hijos: induciéndolos a cometer delitos graves y/o perversos, tales como robar, agredir a personas, mentir para obtener ventaja, etc., o bien absteniéndose de enseñarles el camino correcto; a que se aparten de los vicios y de las malas compañías; a comportarse con decoro y a no ceder a bajas pasiones.

De toda esta situación existe un sinnúmero de ejemplos, por lo que entonces debe pugnarse por lograr que todos los padres de familia, heterosexuales y homosexuales, se comporten responsablemente en su misión de educadores en lugar de participar en grupos homofóbicos, por encargo de personas e instituciones con ideas retrógradas.

En suma, luchemos por erradicar el lastre que nos mantiene en una maraña de anti-valores, que incluye la corrupción que padecemos en todos los niveles de nuestra sociedad y no sólo a nivel de la clase política (si bien son los que mayormente destacan), pues con el manejo de consciencias sólo se logrará seguir manteniendo la ignorancia que nos imponen los poderosos en su provecho, sin poder avanzar a favor de la mayoría.

Comencemos siendo verdaderamente responsables de nuestros actos, cumpliendo con todo aquello que nos corresponde hacer en lo individual, por nosotros mismos, por nuestra familia y por la comunidad en la que vivimos local, regional y nacionalmente.

¡Hasta la próxima!

 
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