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el periodico de saltillo
Marzo 2016
Edición No. 325


La deplorable situación del país y la política en Coahuila

Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes.
Confucio.

Jorge Arturo Estrada García.

La nubes de tormenta se tornan más obscuras. Al adentrarnos al 2016 se percibe claramente que las cosas van muy mal. Y lo peor, es que casi nadie está dispuesto a salir de sus mini zonas de confort para forzar el arreglo de las cosas. Pareciera que el mundo virtual absorbe no sólo parte de nuestra existencia, sino también de nuestra capacidad de expresión. Las redes se han constituido en los foros de desahogo. Mientras, las calles, plazas y urnas permanecen vacías; sin protestas, ni gritos, ni votos de indignación.

Percibimos que a los jóvenes les falta ímpetu y que los viejos fracasamos en cuidar los magros avances arrancados a los 70 años de dictablanda priísta. Las nuevas generaciones están más ocupadas en adquirir nuevos tenis y smartphones que en conocer por qué es tan difícil la vida de sus padres. Los abuelos y los más viejos contempla- mos, sumidos en la nostalgia, el desmoronamiento del país, las instituciones y la cancelación de los sueños de progreso que quisimos heredar a las nuevas generaciones.

La clase gobernante busca el enriquecimien- to inmediato. Ya no se cuidan ni famas ni formas. Son sumisos ante el poder de los billonarios dueños de los mercados globales y soberbios ante los gobernados. Así, esa casta de gobernantes entregaron las minas, los ferrocarriles, las comunicaciones, el agua, la mano de obra, apertura sin límites a un mercado de 120 millones de consumidores y ahora sigue el petróleo y las gasolinas.

La inflación se dispara, los precios de los alimentos se han duplicado en tres años, los presupuestos se desploman, el combate a la pobreza ha fracasado y ya ni siquiera habrá recursos para inyectarle. El sistema educativo colapsa y se desprestigia, nuestros jóvenes son carne de maquila solamente. Las pensiones son ridículas y condenan a los adultos mayores a la miseria.

El mercado manda y sus acciones son depredadoras y contundentes. Para ser competiti- vo, con la mano de obra como principal activo, tienes que tener salarios bajos. Nunca logramos ser competitivos en trabajos de alto valor agregado, para ello deberíamos tener niveles sobresalientes en el sistema educativo. Y fracasamos.

Y si los salarios son tan bajos, ambos padres y los adultos de las familias deben salir a trabajar para poder tener un lugar donde vivir y acceso a los alimentos cuyos precios están anclados en dólares. Las viviendas son de dimensiones ridícu- las, los precios son altísimos y los intereses de los créditos bancarios son de usura. Los bancos, trasnacionales todos, obtienen sus mejores dividendos de sus filiales operando en México. Los niños y jóvenes están educados por la televisión, las calles, los videojuegos, las redes y el acceso a internet, sin orientación ni supervisiones. Sus padres llegan agotados después de horas de trabajo y largos recorridos, y no los aguantan dentro de las estrechas casitas. Tampoco tienen tiempo de supervisarlos y formarlos adecuadamente.

En los planteles escolares las cosas no mejoran. Los maestros están desprestigiados. Sus preparaciones no fueron las adecuadas y las nuevas tecnologías los rebasan.

Entonces aparecen los síntomas. Brotan las ronchas y la pus. Y aún así, pareciera que no queremos enterarnos. Nos sorprendemos y comentamos acerca de lo escandaloso de los síntomas. Y no indagamos por las causas. Se multiplican los embarazos precoces, el sexo prematuro, el bullyng, la violencia, los divorcios, las drogas, la trata de personas, la pedofilia, los ninis, la pérdida de la cohesión familiar, el desvanecimiento del tejido social y los valores. Los maestros pueden hacer muy poco, y ya hasta los desprestigiamos.

La inseguridad no cesa. Hemos vivido una guerra y entre los balazos. Las policías siguen incompletas y son poco confiables. En México, entre 2006 y 2014, hubo 1 millón 750 mil homicidios, 10 mil 300 secuestros, 23 mil desapariciones. Estado fallido.

Es en este alarmante contexto en que las democracias demandan a sus mejores ciudadanos. Primero, para que ayuden a sacar a los malos políticos del poder. Y luego, para sustituirlos por personajes patriotas y capaces. Hasta el momento los ciudadanos hemos fracasado en los intentos por contener sus excesos y corrupción. Y ni siquiera salimos a votar.

Este año se eligen 12 gubernaturas. Para el próximo le tocará el turno a Coahuila. Es buen momento para que comencemos a prestar atención en lo movimientos de nuestros inquietos políticos, siempre ocupados en la siguiente elección.

Los grupos políticos coahuilenses y sus ca- bezas, salvo contadas excepciones, son rídícula- mente débiles, pero ni por eso se animan a unirse. A lo más que llegan es a tomarse fotos, para las redes, en eventos sociales. Nadie asume posicio- nes ni declara. Se mueven a la antigua, buscan los dedazos. Los electores siguen sin importarles. Los métodos de selección en el PRI no han cambiado, sólo la calidad de los aspirantes se ha degradado. En realidad no hay liderazgos, a lo más hay personajes más o menos diestros en ingeniería electoral.
El líder del Congreso de Coahuila, Chema Fraustro Siller ha recuperado protagonismo, y ya se siente candidateable. Se apuntó en la lista ya le perdió el miedo a los procesos electorales. Dice que Enrique Martínez ya lo perdonó y que Rubén aún confía en él. Explica que él sería el mejor puente entre grupos en la sucesión por el Palacio Rosa. Ya hasta recorre colonias en su distrito y saluda ciudadanos y compra publicidad en las redes.

Por el momento, opera para conservar la universidad para su grupo, para Blas Flores. Alega paz social intramuros. Pero en realidad no quiere dejar los abultados presupuestos de la institución que han hecho florecer a negocios de construcción y de servicios y que los hicieron acumular grandes fortunas. Muchos parientes, socios y prestanombres de los rectores, de los tiempos recientes, son proveedores y constructores de la Universidad de Coahuila. Chuy y “El Negro” Ochoa son ejemplos.

Con este grupo, los presupuestos grandes se fueron en cemento y negocios; y se perdieron las oportunidades de fortalecer definitivamente la parte académica. La UAdeC y sus egresados no están a la altura de los retos del siglo 21. Está muy rezagada en el entorno mexicano y sumida en el fondo en el entorno internacional.

La lucha por los empleos es global y nuestros jóvenes están en clara desventaja. Claro, lo que le importa al grupúsculo que administra la UAdeC son los sueldazos de los funcionarios y los negocios al amparo del cargo. No es posible que un funcionario de la Rectoría gane cuatro veces más que los catedráticos.

En lo académico lo más destacable para la Máxima casa de Estudios de Coahuila es que está en el lugar 36 del país, 300 de América Latina y cerca del lugar 2000 en el mundo, según diversos rankings especializados.

La Universidad Autónoma de Coahuila utilizó 14 millones de pesos para pagar el salario de 54 trabajadores que “no se encontraban en su lugar de adscripción”, según auditorías federales. Y ni modo que el rector diga que no estaba enterado. Blas fue ocho años tesorero y lleva dos como rector. Blas no es tonto, con 10 años en medio del reparto de los dineros sabe perfecta- mente los procedimientos y el destino del dinero desviado.

Blas seguramente será recordado por su decidido impulso a los doctorados. Lo malo es que son doctorados Honoris Causa para quedar bien con personajes nacionales, y que esa intensidad no la aplica para alentar la obtención de grados entre los estudiantes y la planta docente.

Allá en La laguna, el grupo Torreón marcha a buen paso apoyado en muy relevantes proyectos de obra pública. Sin embargo, Miguel Riquelme no crece. Le falta carisma y una mejor estrategia comunicativa, lo bueno es que sus competidores internos están inhibidos y los externos están atomizados y sin brújula. Armando Luna registra mayores avances, por lo pronto.

Por el lado de Enrique Martínez y Martínez, las cosas tampoco anda bien. Este grupo está engrosado por los desplazados del moreirismo. Ya quedan muy pocos de los miembros originales, la mayor parte está en el retiro o son los cartuchos quemados, compadres del exgobernador Martínez: Mario Eulalio Gutiérrez, Abraham Cepeda, Galo Medina, Nacho Diego. Y el grupo Saltillo está disuelto, Chema, Chuy Ochoa, Jorge Alanís y Lito Ramos, se volvieron rubenistas. Su estilo de hacer política ha sido rebasado, les sobran recursos y les falta trabajo de bases y audacia.

Humberto Moreira conserva bases sociales en Saltillo, pero sólo su grupo interno de profes le sigue siendo leal. Los escándalos lo perseguirán en los meses próximos. Sus movimientos alocados lo podrían convertir en indeseable para todos.

Son muy pocos los que se atreverán a enfrentar al grupo del gobernador Rubén Moreira. Por lo menos de aquí hasta finales de noviembre. Si los escándalos no trastocan demasiado las cosas, él seguirá llevando mano en la construcción de su propia sucesión.

El grupo en el poder está cohesionado. Ahí no hay dudas ni vacilaciones; tienen claro lo que quieren: Conservar el poder por seis años más. En el juego por el poder, el fin justifica lo medios.

Por lo pronto, ya lograron inhibir a los rivales. Éstos permanecen de bajo perfil y agazapados. Hilda Flores, Memo Anaya, Javier Guerrero, Isidro López, Tereso Medina, Gerardo García y los demás ni olas hacen; en Coahuila sus murmullos casi ni se escuchan, ni en el face se les percibe atractivos. Ellos suspiran por el desgaste del gobernador o por el dedazo.

Por el momento, la sucesión marcha sobre ruedas. No hay nadie que distraiga la apatía de los coahuilenses, ni mucho menos quien los despierte. Y sólo se escucha el ding de las redes sociales.

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