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el periodico de saltillo
Febrero 2016
Edición No. 324



El circo humbertista

Cada día que pasa se fortalece más la idea de que la detención, encarcelamiento y liberación de Humberto Moreira Valdés fue un circo que se montó por el mismo HMV o desde la Presidencia de la república o fue la escena de un drama teatral en donde -con la ayuda de la “justicia” española- el gobierno de Estados Unidos presionó al mexicano para que extraditen al “Chapo” Guzmán. Allá sólo quieren su dinero, sus delaciones y su retiro.

Cualquiera que haya sido el mecanismo que se utilizó contó con la complicidad de los partidos, las cámaras patronales, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, la prensa comercial, y por supuesto el silencio de los antihumbertistas y humbertistas; unos hablaron poco y nada nuevo aportaron, los otros se escondieron para que no los relacionaran con quien les había permitido enriquecerse con el dinero de los coahuilenses.

Pero aún con circo y teatro, complicidades y silencios, corruptos y farsantes, algunas cosas quedaron claras: la principal es que Humberto Moreira ya enloqueció, según algunos observadores, el mundo de los cuerdos ya perdió al ex gobernador, debido a que su estado demencial ya creó su mundo: humbertolandia, donde él es el hombre honesto, preocupado por México y por el presidente, congruente cristiano, querido por el 78% de los coahuilenses ¿o mexicanos?, víctima de malévolas personas que lo acusan mentirosamente de ladrón, a quienes demandará porque le han “manchado su honor”.

En su inocultable locura amenazó con volver a la política, aunque nunca se ha ido. Humberto y sus enriquecidos operadores apoyaron al “Bronco” Jaime Rodríguez Calderón, actual gobernador de Nuevo León, y se dice que está detrás del alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco. “Nos vemos en las urnas”, amenazó. Pero hay quienes insisten en que las amenazas del ex gobernador tienen como destinatario a su hermano Rubén, a quien debe agradecerle que no se conozcan sus latrocinios.

En 2012, Humberto aseguró que daría a conocer en qué se gastaron los cuantiosos recursos que manejó discrecionalmente. Sin embargo, la realidad de las cuentas públicas de Humberto es otra. Dos secretarios de Finanzas (Jesús Ochoa e Ismael Ramos) han dicho en su momento que no existen documentos para comprobar en qué se gastó el dinero prestado. Humberto se ha convertido, desde ahora, en el modelo perfecto de la nefasta triada: corrupción-impunidad-cinismo. Humberto no aprendió. Ya lo perdimos.

Por su parte, los antihumbertistas nada nuevo dijeron, los pocos que hablaron no se atrevieron a mencionar a uno solo de los nuevos millonarios humbertistas, ni han dicho que existen, que son reales, los medios de comunicación que Humberto compró con dinero del erario. Menos mencionaron a los que administran esas radiodifusoras, canales y periódicos.

Para el colmo del circo, Humberto fue “defendido” por otro de sus iguales, Jericó Abramo Masso, aquel al que no recibió en su duelo, por ser “un pinche traidor”. Y su principal enemigo, Manlio Fabio Beltrones, fue el que le sugirió públicamente que volviera a la política electorera (para que se pelee con su hermano), argumentando que tiene sus derechos vigentes.

En pago a la complicidad del PAN, Humberto a su manera le pidió disculpas a Felipe Calderón, y perdonó a Armando Guadiana, de quien no quiso hacer ningún comentario, seguramente porque el “honra’o, honra’o, pos no” se lanzó contra Rubén, en lugar de cobrarle la factura al detenido...

 
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