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el periodico de saltillo
Marzo 2015
Edición No. 313


Sonoro éxito en la campaña antidelincuencia

Inteligencia de seguridad dio en su “tuta” a “La Tuta” y escoria que le acompañaba



Adolfo Olmedo Muñoz.


A un año, de que, por instrucciones del Pre- sidente Peña Nieto, se instaurara en Michoacán un organismo de coordinación para el combate del crimen organizado y la restauración del orden jurídico tanto en dicha entidad como en regiones del resto del país, sufrían (y sufren aún algunos) la nefanda influencia del criminal más buscado, desde entonces, de la mafia en México, Servando Gómez Martínez, mafioso ex maestro de educación básica que escaló el poder mediante los crímenes más detestables, a partir de la fundación de la llamada Familia Michoacana, y luego con la fundación de la horda denominada, irónicamente: “Caballeros Templarios”. Exabruptos de mentes podridas, que por fin podrán ser llamadas a cuentas, ahora con el turno de nuevos mecanismos de justicia, donde se espera que el Poder Judicial, ponga su parte, verdaderamente legal, no legalismos, sin pretextos, con ética, moral, aplicando una moral irrestricta en salvaguarda de los derechos de todos los mexicanos. Por el bien de esta nación. La noticia, como era de esperarse, causó impacto inmediato en los medios de comunicación de casi todo el mundo. En la sede vaticana, esta vez, “no hubo comentarios”.

El presidente Peña Nieto, a nombre de toda la sociedad, hizo, horas más tarde, un reconoci- miento pleno al esfuerzo de coordinación y el éxito de los trabajos de inteligencia de todos los organis- mos participantes, desde las fuerzas armadas hasta la policía federal, y en general las instancias concursadas.

Indiscutiblemente, es tal vez las más impor- tante acción del gobierno hasta ahora, pues más allá de un hecho que habrá de manejarse con sumo cuidado para que no resulte reversible, se brinda la posibilidad de dejar caer, como un castillo de naipes, un imperio mafioso que logró destruir importantes células de la sociedad mexicana. Es momento de consolidar, no tan solo los cambios estructurales emprendidos por el Presidente, sino de darles también el contexto de confiabilidad, de optimismo y de determinación, para que México alcance el más fuerte impulso a su desarrollo, en varias décadas, como se lo antepuso desde sus compromisos, al inicio de su administración. Honor a quien honor merece, sin ditirambos ni laudos oportunistas. En lo personal, me parece un muy importante éxito.
Espero también, no ser o parecer demasiado optimista -y menos ingenuo- pues es verdad que se destapó la cloaca, ahora hay que sanear la mala influencia para reducir, de ser posible en su totalidad, la inmundicia incubada, no sólo en esa podrida parte de la sociedad civil que en buena medida se convirtió, voluntaria o involuntariamente, en cómplices de la delincuencia a través de una impunidad que queremos no sea endémica. La putrefacción tal vez tapada aún, por funcionarios públicos asquerosamente corruptos, cínicos, desleales, incluidos algunos (quizá más de los que pensamos) miembros de la judicatura, enquistados en puntos, estratégicamente diseñados para el servicio de la delincuencia. La investigación deberá entonces, mantener una firme determinación.

Hace tiempo comentábamos en este mismo espacio que la acción de la ley, el ejercicio del Derecho, debe ir acompañada por la firmeza de la aplicabilidad de la misma, por la vía coercitiva, en los casos que amerita. Por ello, se necesita, mejorar la planta de profesionales de todos los ór- denes de la impartición de justicia y que no le tiem- ble a nadie la mano, para dejar caer todo el peso de la ley a quien ataca y daña al conjunto social.

Dicen que hasta el camino más largo, se inicia con un solo paso. Hoy se dio, pero el camino es largo y no tan fácil que digamos. Pero por hoy, nos sumamos al voto de confianza de que, todo parece indicar que estamos por el camino correcto.

La noticia que comentamos, apenas surgió, un día después de que, coincidentemente, el propio Presidente Peña, lanzara una velada advertencia a aquellos socarrones que ante el bizarro esfuerzo que hace la sociedad mexicana y sus instituciones, se la pasan navegando de muertito y tan solo parasitan el ambiente.

Yo no creo que dicha sentencia fuera particularmente etiquetada para esos infelices mediocres que desde oscuras madrigueras se lanzan impune y provocativamente a la generación de una anarquía que lastima a México en todos los órdenes: sociales, políticos, económicos, cultura- les. No creo que haya en nuestro país quien piense que esas “ratas de albañal”, sedicentes maestros anarquistas, vayan a procurar el avance del país. Salvo, claro está, sus correligionarios logreros que también parasitan la economía mexicana, a partir de tribus pseudo políticas que han aprovechado las bondades de nuestro sistema, para seguir mamando de la ubre presupuestal, destinada para el desarrollo de la democracia en México. Tribus de cinocéfalos que tienen secuestradas a varias regiones del país, sobre todo en los estados de Guerrero, Michoacán y Oaxaca, donde los ineptos, infames, insensatos, ¡imbéciles! gobernantes, sólo sirven de tapadera a esos inadaptados, que se dicen llamar maestros, deshonrando la digna misión de la docencia.

Por ello, creo que otro comentario que me gustaría atinar, es el relativo a la delicadeza con que se deberá emprender este año el proceso electoral, donde la maquinaria (hasta ahora nefanda) partidocrática que nos agobia, había hecho a su antojo, postulando incluso a delincuentes confesos para los puestos de elección. Ya vimos los primeros escarceos de presiones sobre la presidencia del Instituto Nacional Electoral, por parte de politiqueros que quieren desde ahora hacerla de pleito ratero para ver hasta donde el sistema les sigue tolerando la posibilidad de continuar parasitando.

Tan solo deseamos, la gran mayoría de la sociedad mexicana, que acaben los vicios, que se profesionalice la política pero no a manera de cotos de poder, sino bajo principios de ética, y sobre todo responsabilidad, lo cual implica tener que RESPONDER a los compromisos de bienestar social, y resarcir los daños que causen sus improvisados candidatos.

El Instituto Electoral no sólo está en todo derecho de velar por el mejoramiento de nuestros procesos eleccionarios, sino que su mandato hoy es emprender el camino de la dignificación de la política, lo cual no será nada fácil, y menos cuando todo parece que habrá de “cabrestearlos” en recua: ¡Cuídenles las manos!, “esas bolitas son para robar”.

Pero antes de continuar, permítame amigo lector hacer una breve abstracción, un tanto para justificar mis alusiones, pero también para indicar a los destinatarios, que no trato más que decirle al pan, pan, y al vino, vino. A Umberto Eco, destacado comunicólogo, filólogo, alguna vez le leí decir que no todos los adjetivos que se usan en un discurso, son buenos para darle fuerza al contexto idiomático de un tema en particular, pues puede acarrear el denuesto de conclusiones y por tanto resulte estéril toda perorata. La frase que emplea Eco es: “Adjetivo que no da vida, mata”. Mi aclaración consiste en que no se trata de tildar adjetivos calificativos, sin ton ni son. Son porque los propios actores, aludidos de esa manera, se ganaron esa cualificación. No se puede llamar a un “estúpido inepto” de otra manera cuando su obrar es torpe e incapacitado. Todos los calificativos que he empleado, y algunos que podría sumar, son certeros, porque ellos, los aludidos (los que ameriten portar el chaleco), sí se califican a sí mismos. Yo solo describo lo que se ve.

Y en ese contexto, un tanto “a toro pasado” pues vino luego lo de la captura de “La Tuta”, que sacudió más a la opinión pública mundial, no quisiera dejar de “comentar” mi opinión sobre la pifia o posible desliz semántica, del más alto dignatario de la Iglesia Católica. El asunto, ya lo saben todos, pues dio la vuelta al mundo, cuando el Papa, Francisco, advierte a los argentinos, sus paisanos, sobre el peligro de “caer en una mexicanización” como consecuencia del crecimiento del crimen organizado en su país de origen. Y tratando de ser asequible a su propia semántica, temerariamente me aventuraré a exponer como tal vez lo hiciera un gaucho.

Che Papa, (si tuviera que “mexicanizar” esta expresión tendría que poner “...che Papa, pero sería tal vez irreverente) Mirá si sos petiso. La macana que te largaste ahora, presunta una garufa de pronóstico reservado en el cotarro sin bandoleón. Mirás los petiteros infiltrados en el clero en su feria pervertida de pedofilia y os hacés el loco y en cambio denostás a un pueblo, México, del que lo único que habéis recibido los argentinos (además de cobijo fraterno) son millones y millones de dólares sangrados a cambio del “servicio” de entrenadores y jugadores (que algunos se hacen después entrenadores) en el mercado del balompié mexicano, la mayoría, algo más que mediocres.

Paco, qué poca. Peca quien pica el orgullo de ser mexicano. Y a manera de una modesta réplica, podríamos decir que en realidad, de lo que debemos tener cuidado es de que no estemos, o estés: argentinizando a la Santa Sede.

Hay mucho que ventilar y al parecer todo se entrelaza; esfuerzos de promexicanidad por parte de muchos, y mexicanofovismos de unos cuantos, como el aludido antes, pero la más de las veces, de aquellos yanquis a los que les provocó retortijones, el que otro mexicano haya ganado un Oscar del fantasioso mundo cinematográfico. No cabe duda, los partidos gringos, también toman como moneda de cambio, el voto de inmigrantes, la mayoría, ¡Mexicanos!, con mayúscula para que, si hay alguno que le duela… que le den su “te consuela”.

 
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