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el periodico de saltillo
Marzo 2015
Edición No. 313


¿A dónde?

Arcelia Ayup Silveti.

Hace tres generaciones, estábamos acostumbrados a comprar en pequeños comercios establecidos. Nos mandaban a comprar los refrescos y el pan a “la tienda de la esquina”. Yo vivía en el mero centro de Matamoros, Coahuila. Mi mamá compraba a diario en la frutería y en la carnicería las provisiones frescas. Pocas veces acudíamos a los grandes supermercados de Torreón, salvo que necesitáramos algo en especial, pero en su mayoría encontraba todo en el mercado.

Conocíamos a los dueños de los establecimientos y se construía una relación muy cordial. Muchos pequeños comercios han ido mermando de manera paulatina entre otras razones, por la aparición de las llamadas tiendas de conveniencia (por cierto desconozco por qué les dicen así, ya que parece que la conveniencia es para una sola de las partes).

Según leí una nota de prensa, estos changarros representan más del ochenta por ciento de la economía local y nacional mismos que se encuentran en peligro de desaparecer por la nueva reforma hacendaria. Ahora deben cambian de Régimen de Pequeños Contribuyentes (Repecos) a la de Incorporación Fiscal (RIF). Estarán además obligados a pagar el Impuesto Sobre la Renta (ISR) y contratar y pagar a un contador, para que registre todas sus operaciones, de compras, ventas e inversiones.

Además, tendrán que facturar todas sus ventas, aunque el cliente no necesite. Otra de sus obligaciones es presentar declaraciones bimestrales de IVA, ISR o IEPS. Desde hace ocho años el SAT ha insistido en que los microempresarios realicen sus declaraciones de manera digital, lo cual ha sido un obstáculo más para ellos, quienes en su mayoría carecen de internet.

Pensemos en los dueños de las tienditas de la esquina, son adultos y adultos mayores, no conozco ningún propietario joven. Todas esas cargas fiscales los han perjudicado considerablemente. Aunado a lo anterior, la facturación electrónica a la que están obligados les representa un elevado gasto, ya que puede fluctuar entre los tres y doce mil pesos el programa. Como dijo el popular filósofo: ¿A dónde vamos a parar?

biznagaas@hotmail.com

 
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