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el periodico de saltillo
Abril 2014, No. 302


Estado anónimo



Samuel Cepeda Tovar.

Una de las muchas diferencias entre grupos armados fuera del Estado de derecho y grupos que operan al margen de la ley, es, precisamente, la identificación plena y ostensible de los primeros, pues además de poseer la legalidad y legitimidad en su proceder y de ser financiados por el propio Estado, su desempeño lo realizan debidamente identificados y haciendo uso tanto de mobiliario y equipo de igual manera representativo de la autoridad del Estado en cualquiera de sus tres ámbitos de gobierno.

Por el contrario, los grupos armados al margen de la ley operan en la clandestinidad, en vehículos anónimos, sin identificación, tal cual debe suceder. Sin embargo, el problema es cuando el Estado pierde toda formalidad y se vuelve promotor de dichas actitudes anti formales, y es que debido a la presencia en la región de los cinco manantiales de elementos de seguridad del Estado de Coahuila, quienes realizan labores de seguridad mientras se prepara a los nuevos agentes que se ocuparán de la seguridad en la región, se han presentado múltiples quejas de dichos elementos que están operando en vehículos sin identificación, sin placas, sin número de unidad, y que en repetidas ocasiones amedrentan a la sociedad amparados en su poder de fuego y la autoridad que les confiere la placa que portan en algún lugar muy recóndito de sus prendas.

En lo personal, son varios compañeros que han sido amedrentados por los llamados GATES, que circulan en unidades sin número de identificación, lo cual hace imposible que ciudadanos afectados por estos individuos que se supone deben protegernos puedan interponer alguna queja ante la autoridad competente en caso de abusos de autoridad por parte de estos malos elementos o de cualquier otra corporación de seguridad estatal.

Y no se trata de nimiedades o argumentos sin sentido, pues la misión de toda corporación de seguridad pública es proteger y servir a la comunidad, no abusar, amedrentar y servirse de la sociedad amparado en el poder que trae consigo el uso de armamento y la autoridad intrínseca a la placa de la corporación a la cual sirven. Y es que son varias corporaciones o al menos así parece, las que hacen uso de vehículos completamente anónimos, sin identificación, sin placas y operadas por individuos armados, pero sin uniformes que definan su procedencia.

Entiendo que hay labores propias de seguridad pública que merecen clandestinidad, encubrimiento y discreción, pero me pregunto qué discreción pueden tener estas unidades que detienen constantemente a ciudadanos incautos y que son amedrentados durante la detención por sujetos prepotentes que cortan cartucho y utilizan lenguaje salvaje contra trabajadores, jóvenes y familias, cuyos derechos son trasgredidos sin que se pueda emitir queja alguna ante el anonimato de los elementos de seguridad.

El Estado debe imponer su autoridad, no me queda la menor duda, pero un Estado anónimo es un Estado infractor que no desea hacerse responsable de las falencias que pudieran cometer sus heraldos de seguridad, y eso, a los ciudadanos nos deja en plena indefensión haciendo que nos preguntemos si no fue peor el remedio que la enfermedad.


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