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Abril 2013
Edición No. 290
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vicente foxVeneno Puro


-Cambio con Riesgo
-Parlamento Eficaz
-Los Excesos Matan


Rafael Loret de Mola.

Resulta una paradoja que el presiden- cialismo sólo pueda acotarse, en la perspectiva actual, con la intervención y la voluntad política de quien ejerce la titularidad del Ejecutivo. Así ha sido desde 1994 cuando el malogrado candidato priísta a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio, ofreció poner coto a los excesos del poder dando cauce a una reforma integral del Estado. Esto es: sugería limitar sus propios alcances, dado que se consideraba seguro su arribo a la Primera Magistratura, como elemento sustantivo para evitar el fin de la continuidad política y la estabilidad ofrecida por el partido hegemónico.

Si nos concentramos en este propósito y lo unimos al siguiente episodio de barbarie, el asesinato del aspirante, registrándolo acaso como uno de los detonantes para fracturar el impulso hacia una nueva composición política no determinada por una voluntad suprema que asimila facultades y decisiones, la conclusión no puede ser otra: el crimen habilitó el mantenimiento del estado de cosas en pro, naturalmente, de quienes se benefician del mismo... con o sin alternancias de por medio.

Esto es, lo sustantivo no es el relevo sexenal, ni siquiera si se da a favor de otro partido que proclama el advenimiento del cambio como elemento central, sino el propósito de modificar, en serio, la estructura gobernante. Digámoslo claramente: en la praxis política fue mayor el sacudimiento ocasionado por Colosio con su anuncio reformista que, seis años después, la larga cruzada foxista impregnada de lugares comunes y escasa de propuestas concretas para alterar la reciedumbre del establishment. Bien se cuidó Vicente Fox, tras el sexenio del simulador Zedillo, el mayor beneficiario del crimen de Lomas Taurinas, de impulsar en principio la sugerida reforma integral, designando incluso, en el arranque de su administración, compilador de iniciativas variopintas y promotor de la misma al multifacético Porfirio Muñoz Ledo, esto es como si de verdad quisiera impulsarla como uno de los cauces principales del cambio ofrecido, sin que se le diera seguimiento ni se alcanzara resultado alguno. Basta con esta evidencia, sin réplica posible, para calificar al régimen de marras.

También hemos dicho que, en estricto sentido político, la tendencia democrática, por la que se privilegia la soberanía popular, sólo puede darse si se acota al presidencialismo, visto como el gran garante de la institucionalidad y el mayor legislador además por efecto del acaparamiento de funciones, con los contrapesos efectivos. Para infortunio general apenas comenzó a funcionar el Congreso fuera de las líneas de Los Pinos, así fuese con sentido sectario, el mandatario en funciones, es decir el señor Fox, clamó a los cielos señalando que los legisladores opositores constituían el freno al cambio prometido y destinando sus mejores empeños, durante los primeros tres años del periodo, a recobrar la mayoría incondicional perdida por la nueva composición plural de las Cámaras. El obcecado ponente del cambio se asustó con el primer esbozo del mismo. Sencillamente grotesco.

Pues bien, a estas alturas, luego de una segunda elección presidencial a favor de la derecha en 2006, desaseada por decir lo menos, poco se ha hecho para intentar transformar el andamiaje del presidencialismo, reduciendo la influencia del mismo y posibilitando la creación de nuevos escenarios en los que la colectividad funcione y crezca sin requerir del sello del mandante en turno. De eso se trataría, por supuesto, una tendencia democrática no basada en las interpretaciones palaciegas ni en los festinados discursos oficiales. A mayor presidencialismo, menor democracia y viceversa.

Desde luego, porque no se ha inventado otro modelo que habilite igualmente a la soberanía popular, la opción no puede ser otra que el sistema parlamentario basado en una mayor representación de la sociedad, en permanente debate de pros y contras, con una jefatura de gobierno dependiente, en todo momento y lugar, de los acuerdos básicos con las distintas corrientes partidistas, incluidas las contrapuestas, sin merma de los valores intrínsecos al Estado ni de la idiosincrasia nacional. ¿Y el Pacto por México? No se pone a discusión la esencia que identifica al conglomerado por encima de los desacuerdos naturales entre ideologías diversas: patria, libertad, justicia, progreso, patrimonio general y seguridad.
Toda administración que cancele, de manera unilateral, cualquiera de estos valores evidencia no sólo incapacidad sino además una pobre solvencia histórica. Sin memoria se niega el raciocinio y sin éste no puede gobernarse a la humanidad.

Mirador
Es interesante corroborar que las naciones líderes en el ejercicio parlamentario requieran sostener a sendas monarquías, con privilegios bastante más significativos que los simbólicos, para asegurar en ellas la representación del Estado y su solvencia. Aun cuando las cabezas coronadas se concentren en el encendido protocolo insustituible, como en Gran Bretaña, o jueguen a la igualdad con sus vasallos dejándose ver y hasta tocar, tal sucede en España, es obvio que se mantienen como elementos aglutinadores en sociedades con vertientes múltiples y formaciones heterogéneas que alimentan constantes convulsio- nes. Las historias dolorosas, empapadas con la sangre derramada por las guerras fratricidas, son flagelos recurrentes.

A los mexicanos cuesta trabajo entender, por ejemplo, como la investidura de un presidente de gobierno no depende sólo del pronunciamiento popular en las urnas sino igualmente del aval mayoritario de sus pares en un sistema parlamentario: pero el objetivo principal es asegurar el funcionamiento cabal del gobierno y no los intereses partidistas.

Polémica
Nuestra democracia no se da a través de las instituciones sino mediando golpes mediáticos de alguna efectividad.

Situados como observadores, en dos planos distintos de un lado y otro del océano, es obvio que nos parece más adecuado y sano, con todo y sus defectos conceptuales y operativos, el escenario parlamentario en el cual los desfogues no son vistos como incitaciones a la rebelión o la violencia sino como parte, así sea molesta, del ejercicio democrático cuya plenitud se alcanza con los acuerdos entre grupos y organismos disconformes. La pluralidad tiene voz y voto y no sólo provee de acentos demagógicos y encuentros furtivos a quienes encabezan las corrientes partidistas y sus camarillas. La diferencia es evidente.

Porque lo que no tiene sentido es continuar a la mitad de la nada. Entre el presidencialismo acotado -más por torpeza operativa que por ausencia de facultades- y el parlamentarismo belicoso y torpe, más bien sectario. Así estamos ya desde hace más de una década, digamos desde 1997 cuando el PRI, al fin, dejó de ser mayoría absoluta en la Cámara baja y pareció arrear velas. Y permanecemos anclados en los arrecifes de la simulación.

Por las Alcobas
Hace tiempo conversé largo con Diego Fernández de Cevallos, ahora con pocas apariciones públicas -¿será éste el cambio prometido?-, sobre el imperativo de nadar hacia un sistema parlamentario para dejar atrás, en serio, el cacicazco presidencial. Creí, en principio, que la posibilidad le atraería por su condición innata de tribuno incansable. No fue así. Al contrario, me respondió con un dejo de hastío:

-No, por favor. Si ahora mismo no somos capaces de acordar nada y nos pasamos días y noches discutiendo hasta lo más simple, ¡el exceso de asambleísmo nos liquidaría!

Medité al respecto. Lo que nos detiene no es el modelo sino la vocación sectaria, una deformación del presidencialismo hegemónico, que maniata y cancela no sólo iniciativas sino la capacidad de raciocinio. Por ello tenemos legisladores tan vergonzosamente incultos e inútiles y funcionarios tan soberbios como incapaces.

¿Cuándo seremos capaces de superar los usos facciosos del poder? Abundaremos.


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Es ya necesario, Pacto por México de por medio, debatir sobre lo que más nos conviene: Presidencialismo fuerte o parlamentarismo en cierne. Definirlo ya antes que el ejercicio del ejecutivo tienda hacia ingobernabilidad, interés escondido de cuantos quieren avasallarnos.
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loretdemola.rafael@yahoo.com.mx
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     
carton noviembre 09 Noviembre 09 Rufino