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Abril 2013
Edición No. 290
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Ramos Arizpe, su escuela:
distintivo de una época.





Alfredo Velázquez Valle.

En el discurso actual se ha tratado de redimir un período histórico superado, efectivamente, por los años, por las circunstancias. Los apologistas del retroceso histórico aún encuentran bondadoso -en más de un aspecto- el régimen del sablazo, que impune mancilló al pueblo mexicano por más de treinta años.

Sin embargo, en la escuela pública hemos tomado conciencia de las injusticias de un régimen económico político cuyo desarrollo estaba sustentado en tremendas desigualdades e insufribles carencias. Los sectores privilegiados, nos decían nuestros maestros, eran sostenidos por una masa de parias, campesinos sobre todo, cuya existencia solo se concebía en razón a los requerimientos de un modelo “de orden, progreso y pax”.

Entendido de esta manera, el porfiriato fue parte de un proceso histórico mundial cuyo desenvolvimiento condujo a una época oscura y dantesca (iniciaba el imperialismo, fase superior del capitalismo), que desencadenó, a su vez, el inicio de otro movimiento, antípoda, contestatario de un discurso que en los hechos desdecía un progreso engañoso: la Revolución Mexicana de 1910.

Cuando las condiciones generales de vida de la población mexicana fueron llevadas al “nadir sepulcral”, entonces ella misma tomó las riendas de la historia en sus manos e hizo justicia, justicia social. Es entonces cuando surgen figuras que redimen al género humano y cargan sobre sus hombros, sobre sus acciones los agravios, los reclamos, en fin, las aspiraciones del pueblo trabajador. Tal el caso de Francisco Villa, de Emiliano Zapata, Lucio Blanco, entre otros.

Sin embargo, ¿cómo entender este evento nefasto, y a su vez heroico, si no lo ejemplificamos?, ¿a qué entonces la existencia de los archivos históricos? Hemos anclado en la pertinencia de estas grandiosas memorias históricas. En ellas se encuentran los momentos, los nombres, los lugares más cercanos, más familiares que nos allegan esa macro-historia que viene ya elaborada, quizá un tanto abstracta, lejana, insustancial a veces.

Como insustancial y equivocado es, por ejemplo, el juicio del Lic. Miguel Alessio Robles cuando ve el origen de las revoluciones en la “sordera” congénita de los gobiernos “a los dictados de la opinión pública”, “cuando no se gobierna de acuerdo con la ley y la justicia”, “cuando se vulneran los principios fundamentales de la libertad humana” etc., etc. Quiero, en oposición a aquél, ceder el espacio a la narrativa de otro personaje, quizá no conocido ahora (ni ayer) pero que, manguillo en mano, papel y tintero dio una panorámica real, cruda y crítica de la escuela coahuilense porfirista.

Se trata del Inspector de las Escuelas del Municipio de Ramos Arizpe, profesor Dionisio Marines, que desde su empleo de servidor público supo decir lo que muy pocos en su tiempo hicieron: denunciar la miseria de la escuela pública porfirista. Pobreza que al correr del manguillo describe, aunque de manera indirecta, la ausencia de los mínimos bienes indispensables para subsistir. Porque es, precisamente, en las desigualdades económicas donde primeramente hay que buscar los orígenes de las revoluciones y no, como pensaba el ilustre Alessio Robles, en los ideales o absolutos mancillados por la acción del hombre desprovisto de historia.

Dejo a tu atención, estimado lector, extractos (habidos en este Archivo Histórico de la SEDU) de los reportes que este ejemplar Inspector rendía al profesor Andrés Osuna Hinojosa, Director General de Instrucción Primaria del Estado, sobre las condiciones generales que guardaban las escuelas del Municipio de Ramos Arizpe, allá, a inicios de siglo XX cuando el cenit de la dictadura de los aristócratas terratenientes irradiaba lo “mejor” de sus bondades.

“En ambas escuelas (Oficial de Niños y Niñas), se necesita mobiliario. En la escuela de niños no existen inodoros. La cantidad presupuesta (cinco pesos) mensualmente es insuficiente para abastecer las dos escuelas aún de lo más necesario.” 15 Enero de 1904

“La enseñanza, en general, adolece de faltas gravísimas. Por otra parte, el desarrollo intelectual de algunos maestros es muy escaso. La crítica pedagógica en estas circunstancias traería alguna confusión en el cerebro de los maestros rurales; y sólo se han hecho observaciones sencillas al alcance de su comprensión.” Diciembre 5 de 1904

“Algunos maestros no observan buena conducta. Se presenta el caso de que en el contrato hecho entre un maestro (alemán) y los vecinos, consta, según me dijo el juez auxiliar, que aquel tiene el derecho a embriagarse el sábado por la tarde y el Domingo, y que éstos se obligaron a proporcionarle el “mezcal” necesario. Diciembre 5 de 1904.

“Escuela de Niños: 1. La casa escuela necesita una blanqueadura; 2. Los mesa-bancos no son suficientes para el número de alumnos que hay; 3. La iluminación del departamento para 1° y 2° años es bilateral é insuficiente; 4. Se dispone de una cantidad de útiles muy reducida; 5. La disciplina y la marcha de la enseñanza son, generalmente, regulares.” Enero 10 de 1905.

“Escuela de Niñas: 1. El número de alumnas matriculadas es muy corto en relación con la población; 2. Debido a que el número de mesa-bancos es insuficiente, las señoritas profesoras tienen que sentar varias niñas en un solo pupitre; 3. Son muy escasas la iluminación y ventilación del departamento destinado a los años IV y V; 4. El departamento del primer año es del todo inapropiado al objeto que se le destina; 5. La enseñanza en algunos departamentos es poco educativa; 6. Los encerados son muy pequeños y solo pueden trabajar en ellos una sola niña.” Enero 10 del 1905

“1.Ya había ordenado esta Inspección a los Directores que pasaran semanariamente á la Presidencia Municipal una lista de los niños faltistas para que se aplicara a los padres de dichos niños las penas que marca la ley; pero esta medida no ha tenido efecto ninguno; pues informan los Directores que el Sr, Presidente Municipal no atiende dicha lista ni toma ninguna otra medida para mejorar la asistencia. Por esto se nota que el promedio de asistencia es muy bajo en relación con el número de alumnos matriculado. 2. No hay policía escolar; 3. Los pupitres para los niños son insuficientes…y carecen de respaldos; 4. La enseñanza que se imparte en la Escuela de Niñas descuida mucho el desarrollo intelectual” 5 de marzo de 1905.

“El mobiliario que se usa en los departamentos destinados a los años inferiores además de ser algo escaso, es, bastante antihigiénico. Los bancos carecen de respaldo y no hay relación entre su altura y la edad y estatura de los niños. Añádase a esto que son tan incómodas, que dificultan generalmente el amplio movimiento de los niños.” 2 de octubre de 1905.

“La Escuela de Niños carece de inodoros. Los niños defecan en el traspatio, al descubierto y en los recreos tienen a veces que hacerlo delante de sus compañeros.” 3 de octubre de 1905.

“En una entrevista que tuvo esta Inspección con el ciudadano Presidente Municipal de Ramos Arizpe, le hizo ver las circunstancias tan precarias por que atraviesa la escuela en algunas haciendas de la municipalidad. Algunas tan pequeñas y tan pobres que difícilmente pueden reunir una pequeña cantidad que pagarán a un hombre que la hace de maestro, el cual es ignorante e inepto las más veces. Si a lo de los vecinos se añadiera una subvención, se tendría con que pagar los servicios de una persona que pudiera siquiera considerarse como maestro.” 1° marzo de 1906.

 
 
 
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