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Agosto 2012
Edición No. 282
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El despertar del México digno

 

Manuel Padilla Muñoz.

Las elecciones en México, de acuerdo al artículo 41 de la Constitución Política de nuestro país, nuestra máxima ley, establece que deben ser “libres, auténticas y periódicas”… pero, sobre todo, creíbles, agregaría yo. Esta elección presidencial no fue libre ni auténtica; mucho menos creíble.

¿Qué fue lo que pasó? Que el PRI, en contubernio con los gobernadores priistas de algunos estados, las grandes cadenas televisivas y radiofónicas así como la mayoría de los medios de comunicación impresa se amafiaron para una imposición presidencial a favor de Enrique Peña Nieto.

La maquinaria electoral priista, apoyada por los gobernadores de ese partido, mediante la compra virtual del voto fue el eje. Para ello utilizaron los recursos públicos mediante tarjetas de Soriana y Monex, las “Tarjetas de Todos”, míseras despensitas y hasta en efectivo, para explotar el hambre de nuestro pueblo.

Miles de ciudadanos votaron por el priista por la necesidad de unos cuantos pesos para mitigar, cuando máximo por dos o tres días, sus necesidades alimentarias. A esto se llama “el voto por hambre, del estómago”. Aparte de ser criminal, representó la mayoría de los votos emitidos.

Los medios de comunicación, en su mayoría, con honrosas excepciones, en total y hasta cínico apoyo al candidato priista en espera de las carretadas de dinero que obtendrán por publicidad para sus negocios. “Analistas” y “columnistas” cargados al “gelboy” (Ricardo Alemán y Carlos Marín los más furiosos, casi esquizofrénicos contra AMLO) en espera de su jugoso “premio”.

Por eso no es creíble que el PRI peñanietista o nuevo PRI vaya a combatir la pobreza como lo prometió su candidato. Porque el PRI, para futuras elecciones, necesita ese voto de hambre para mantenerse en el poder. Es decir, los pobres (70 millones de mexicanos) y los miserables (40 millones en extrema pobreza) son el granero de votos para el PRI. Terminar con la pobreza sería su suicidio.

La elección presidencial tuvo un costo récord de 18,451 millones de pesos, una de las “democracias” más caras del mundo. Si de un padrón total de más de 70 millones de ciudadanos, votó un 63.1 por ciento, el costo de cada voto fue de 118.40 pesos.

Para esta elección, los partidos políticos recibieron, de nuestro dinero, la nada despreciable cantidad de 5,292 millones de pesos. Y a nadie le rinden cuentas.

La Constitución establece que LOS PARTIDOS POLÍTICOS SON ENTIDADES DE INTERÉS PÚBLICO. Deben ser las instituciones que nos enseñen lo que es la democracia; es decir, la “escuelita” de la democracia y para este fin se les subsidia con dinero del pueblo. Pero nunca ha sido así. Ningún partido político en la historia moderna de nuestro país ha cumplido esta meta y por eso debería cesar el subsidio.

La realidad es que los partidos políticos, todos, han sido secuestrados por pandillas de delincuentes que los utilizan para ascender al poder, robar y enriquecerse rabiosamente y tener total impunidad para ello. Se han convertido en una partidocracia pues solamente sus élites disfrutan los cargos públicos, lo que es antidemocrático y contraviene la ley.

Por eso, para evitar lo anterior, se requiere urgentemente la aprobación de las candidaturas ciudadanas o independientes de tal forma que cualquier ciudadano común y corriente tenga los mismos derechos de ser elegido por el pueblo como lo establece nuestra máxima ley.

El pueblo habló. Lo que procede ahora es limpiar nuestra elección. Es innegable que nuestra elección estuvo manchada; no podemos ni debemos quedarnos con los brazos cruzados: necesitamos dar la lucha contra los delincuentes que planearon y ejecutaron estas acciones. Enrique Peña Nieto debería ser el más interesado en esto para legitimizar su “triunfo”; bueno, si está libre de culpa.

Pero, mientras los partidos políticos presentan las pruebas que tienen sobre los delitos electorales ante el TRIFE para exigir la anulación de la elección, el movimiento social contra la imposición no solamente debe proseguir sino crecer en todo el país. Enrique Peña Nieto no es el Presidente de TODOS los mexicanos; matemáticamente, es el electo por la mayoría de la minoría de ciudadanos.

El peligro -para el electo y su partido- lo constituye el hecho de que al agrandarse en forma exponencial el movimiento social se pueda llegar a la ingobernabilidad.

Con la llegada del PRI al poder, se vuelve al tradicional autoritarismo priista. Ahora, los candidatos a regidores, síndicos, alcaldes, diputados locales, federales, senadores y gobernadores, NUNCA, como lo fue durante los más de 70 años del priato, serán designados por el Presidente y su cúpula partidista. Peña Nieto será titular del ejecutivo y de su partido. ¿Y el pueblo? Que se joda. ¿Y la democracia? Sepultada. Eso quiso el “pueblo”. Qué se joda con lo que sufrirá.
Cuidado con despertar al México bronco; ahora están despertando al México digno.

 
correspondencialag@hotmail.com
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     
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