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Abril 2012
Edición No. 278
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La herencia de Humberto Moreira

Jorge Arturo Estrada García.

Coahuila es un campo minado. El estado es un amplio campo de batalla. La guerra política está lejos de terminar. Los combates serán cada día más fuertes, al avanzar la época electoral. Las instituciones fueron reducidas a escombros. La confianza de los ciudadanos también. Es el legado del Gobierno de la Gente. El nuevo gobierno, no quiere mirar hacia atrás, tal vez teme convertirse en estatua de sal.

Para Rubén Moreira, básicamente hay dos grandes problemas qué resolver de manera inmediata. Recobrar la confianza de los ciudadanos, y conformar un gobierno eficiente con instituciones sólidas y confiables, que pueda avanzar en recuperar la calidad de vida y los sueños de progreso para los coahuilenses. Los discursos, no borran ni la irritación ni los sobresaltos de los balazos.

Para hacerlo, el gobernador debe hacer funcionar a su gabinete, a su gobierno y a la clase política que lo rodea, no sólo con orden, sino con compromiso. Los resultados, deben darse en muy corto plazo.

Para nuestro estado, ya se terminó el tiempo de sólo administrar los problemas, se requiere resolverlos de fondo para poder salir adelante. Sin excusas, ni pretextos.

El gobierno de Humberto Moreira, nadó en la abundancia de recursos. Ejerció más de 200 mil millones de pesos en seis años. Sus acciones e influencia penetraron a todos los sectores. Era expansivo y ambicioso. Sus actos y excesos provocaron su derrumbe. Y de paso afectó a millones de coahuilenses.

Su gobierno fue desintegrando todo, sistemáticamente. Esto, generó la destrucción de las instituciones. Instauró la impunidad y la inseguridad. Eliminó la transparencia y la rendición de cuentas. Generó una clase política incapaz y desprestigiada. Y nos heredó una corrupción profundamente arraigada.

También, Humberto dejó una extensa cauda de daños colaterales, entre ellos los alcaldes Jericó Abramo Masso, Eduardo Olmos, Ramón Oceguera. Los ex diputados Fernando de las Fuentes, Hilda Flores, Salomón Juan Marcos y Enrique Martínez Morales que ahora nuevamente son candidatos; ellos votaron por reestructurar una deuda ilegal, sin defender los intereses de los ciudadanos. La estructura burocrática del gobierno estatal proviene del Gobierno de la Gente, y mantiene paralizada la dinámica del nuevo gobierno por su incapacidad y por estar ocupada en negocitos personales.

Las circunstancias en que llega Rubén Moreira al Palacio Rosa son muy adversas. Los coahuilenses están muy molestos por los engaños de su hermano Humberto y la corrupción del Gobierno de la Gente. Gran parte de la población no confía en el nuevo gobierno estatal. Principalmente, porque lo percibe como más de lo mismo. Y como encubridor de los excesos de su antecesor.

La violencia que se vive en las calles del estado y la indefensión de los ciudadanos ante los criminales, empeoran las cosas. Los coahuilenses ya no confían en sus autoridades. Saben que el gobierno anterior y los hermanos Torres Charles protegieron a los malos, y prácticamente les entregaron Coahuila.

El nuevo gobierno, trata de marcar diferencias y posicionarse positivamente. Sin embargo Coahuila es un campo de batalla. La sociedad está muy polarizada y los meses siguientes serán fragorosos. Los mensajes no han sido acertados, ni bien elaborados. Y son rápidamente rechazados por los ciudadanos. No se ha avanzado en construcción de confianza, de consensos y de adhesiones al proyecto de Rubén. Y eso es lo que más necesita el nuevo gobernador.

Los miembros del gabinete no se perciben muy involucrados. No generan consensos a favor del gobernador. Parece que no se esfuerzan y que sólo obedecen. Pareciera que no juegan en equipo.

A pesar de contar con sólidas trayectorias y amplios activos políticos. Que contrastan marcadamente, con las de los improvisados del gobierno anterior. No se les ve mucha iniciativa. Se limitan a hacer lo que les dicen, pero así aportan muy poco.

Es un gobierno que parece que trae el freno de mano puesto. Ni Javier Guerrero, ni Oscar Pimentel, ni Chema Fraustro envían mensajes positivos a los ciudadanos con sus acciones. Nadie duda de sus capacidades, pero parece que el jefe los trae con la rienda corta, o que de plano no le echan ganas.

En el área financiera, tanto Ismael Ramos, como Jesús Ochoa tienen amplia experiencia y capacidad, pero su forma de actuar en el tema de la mega deuda los llevó a perder la confianza de de los coahuilenses. Jorge Verástegui, se ve como pez fuera del agua, temeroso y listo sólo para obedecer órdenes.

Entonces, estamos frente a un gabinete estatal que parece estar solamente cuidando su empleo, perdiendo más prestigio, y aportando muy poco hacia la construcción de lo más importante que necesita esta administración estatal: la confianza, el respeto y el respaldo de los coahuilenses.

A Miguel Riquelme y a Domingo González Favela les falta estatura política y profesional para sus cargos. Ellos no aportan, ni talento, ni prestigio ni trayectorias brillantes. Por lo mismo, no generan aceptación ni logran consensos positivos. Lo más delicado, es que están al frente de las áreas más sensibles de la administración en estos momentos. El gabinete de seguridad, es el flanco más débil de la nueva administración. Nadie se atreve a denunciar, por miedo a terminar en una fosa clandestina.

Rubén, no ha castigado los excesos y desmanes del sexenio de su hermano. Aunque las mansiones y el tren de vida de lujo de quienes participaron en él, están a la vista de los ciudadanos. Ellos traicionaron a su hermano. Tampoco, ha investigado y limpiado la corrupción en las dependencias de procuración y administración de justicia.

Cotidianamente, diversos sectores de la población manifiestan su inconformidad y sus reclamos. Rechazan tajantemente, darle la vuelta a la hoja en el tema de la deuda. Quieren ver en la cárcel a Javier Villarreal, a los hermanos Torres Charles, y demás ex funcionarios de Finanzas y de la Fiscalía que se enriquecieron y que además entregaron el estado a la delincuencia y limitaron las posibilidades de crecimiento acelerado de Coahuila. Exigen auditorías, transparencia y rendición de cuentas.

Esos daños marcarán a varias generaciones completas. Y ya, han enlutado a cientos de familias en la entidad.

Pareciera que Rubén es el único interesado en componer las cosas. Ni el poder legislativo ni el poder judicial se involucran decididamente. Tampoco, los presidentes municipales se apartan de sus zonas de confort, y sólo hacen como que cumplen y como que obedecen.

Eliseo Mendoza Berrueto, Víctor Zamora, José Luis Moreno, Ricardo López Campos, etc., hacen todo lo posible para ganarse el repudio de los ciudadanos. Se manejan con arrogancia, opacidad, autoritarismo, y a espaldas de los coahuilenses. Le llevan la contra, a los mensajes del gobernador.

Gregorio Pérez Mata, no ha realizado trabajos de depuración y de certificación, con controles de confianza en el Poder Judicial. No avanza en la modernización, no aporta confianza ni certeza. Goyo lleva 6 años disfrutando el sueldo y no se le han visto resultados. Abusa de la amistad de su amigo Rubén.

Jericó Abramo, Eduardo Olmos y Ramón Oceguera, son considerados como daños colaterales que dejó el gobierno anterior. Estos alcaldes carecen de perfil y trayectoria para ocupar el cargo. La presidencia municipal, les ha quedado muy grande. No están a la altura de los problemas. Los tres se caracterizan por la frivolidad con la que se desempeñan.

Muchas colonias y sectores completos de Saltillo, Torreón y Ramos Arizpe, son terrenos dominados por la delincuencia. No cumplen a tiempo las certificaciones, no consiguen nuevos policías, no hay quien patrulle. Ya no hay quien vigile para evitar los robos, asaltos y demás delitos de fuero común. Nadie acude a las llamadas de auxilio. Al rato habrá más patrullas que agentes. Andan en sus negocios y proyectos personales, gastan decenas de millones de pesos en promover sus imágenes y buscar nuevos puestos públicos.

Aunque Rubén trabaje mucho y duerma poco, el gobernador no podrá estar en todo. No hay equipo, sólo tiene empleados. Y, parece que no se la están jugando con él. Son obedientes, pero no se comprometen. Algunos trabajan, pero no aportan lucimiento. Algunos ni siquiera trabajan y sólo cobran.

El gobernador, no tiene experiencia previa como jefe del ejecutivo. Apenas, está construyendo su estilo personal de gobernar. Es momento, para que se siente a reflexionar y haga ajustes a su estrategia. Será por su propio bien. Y por el bien de Coahuila. Ya no se puede perder más tiempo. Los problemas estallan a cada momento. Y vienen más.

 
jjjeee_04@yahoo.com
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     
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