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Abril 2012
Edición No. 278
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Escuela Primaria
“Gral. Álvaro Obregón”


Alfredo Velázquez Valle.

El período de gobierno del Ingeniero Nazario S. Ortiz Garza ha sido uno de los más recordados por los coahuilenses y en especial por los saltillenses en cuestión de apoyos a la educación pública.

En efecto, la monumental construcción del Ateneo Fuente, la edificación de la Escuela Primaria “Coahuila” así como de la Escuela Primaria “Gral. Álvaro Obregón”, dejaron huella indeleble de su paso por el ejecutivo del Estado.

La majestuosa belleza de este tipo de construcciones civiles refiere a todo un concepto que la escuela pública había conquistado hacía apenas unos lustros.

Es en efecto, la escuela pública, laica y gratuita, uno de los grandes logros alcanzados por el pueblo de México en una lucha armada que costó en vidas el inalienable derecho de recibir los invaluables beneficios de la instrucción, del acceso al conocimiento que en épocas pasadas sólo era privilegio de pocos. Sí, prerrogativa enorme, ya que en la escuela decimonónica la enseñanza era poco menos que instrucción escasa, deficiente y subordinada a todo tipo de prejuicios e intereses.

“…escuelas lúgubres e insanas, resabios de la escuela porfirista”

Este sacrificio de las masas por allegarse una mejor calidad de vida será lo que motivará un anhelo por colocar la escuela como eje primario de formación y desarrollo del alumno en la sociedad. Empeño que llevará a los primeros gobiernos pos revolucionarios a la tarea de construir  verdaderos edificios adecuados para recibir y motivar el conocimiento en aquellos niños y jóvenes que saliendo de escuelas lúgubres e insanas, resabios de la escuela porfiriana, ponían su pie por vez primera en aquellos recintos llenos de luz, de belleza arquitectónica y, sobre todo, hechos para recibir la palabra del maestro normalista. 

Construida entre abril y noviembre de 1933 durante la administración  municipal de Juan F. Vázquez y diseñada por el Arquitecto Zeferino Domínguez, la Escuela “Obregón” inició sus actividades ese mismo mes de noviembre con una planta de excelentes maestras tituladas en la Escuela Normal de Coahuila que comenzaron su labor docente con una población estudiantil conformada de dos escuelitas primarias que funcionaban en este barrio de estirpe tlaxcalteca. Estas casonas antiguas mal adaptadas para el que hacer educativo ubicadas una en la calle de Moctezuma (llamada Profr. Carlos A. Carrillo) y otra en la calle de Mixcalco (Profr. Apolonio M. Avilés) poco hacían con su inoperante construcción por despertar en los niños el deseo natural por aprehender.

El recuerdo recurrente de mi madre, Virginia Valle, alumna de la primera generación, cuando refiere su traslado de la escuela Carrillo a la nueva y hermosa construcción lleva mucho de nostalgia y mucho de conmovedor. En su remembranza se presenta una escuela ruinosa, oscura en sus salones, triste en los colores de sus paredes y de techos altísimos y oscuros. Por ello, las visitas que periódicamente realizaban como alumnos de la antigua escuela a la nueva en construcción fue, en su decir, imborrable. En su remembranza  en los días de estreno vienen a su memoria salones con grandes ventanales por donde entraban aire y luz, patios amplios y arbolados, un magnífico foro de actos, pisos recubiertos de mosaico, pasillos amplios y lustrosos  y un recibidor limpísimo, y lleno de matas de helecho.  

La construcción, en la que se utilizó ladrillo revestido, ha sabido soportar el paso del tiempo pero requiere con urgencia una atención más que necesaria. Sería una decisión afortunada el que las autoridades volvieran los ojos a este edificio emblemático de la educación básica de la ciudad y le dieran la imagen original que en sus inicios tuvo: ventanas de madera, retiro de los techos actuales por otros acordes con la arquitectura original, remozamiento del hall con la restauración del portón de entrada y sus vidrios biselados con sus grabados; rescate del techo del foro, restauración de las originales escaleras de madera que conducen a la planta alta, recuperación de las salidas laterales y recuperación, también, de los detalles de iluminación molduras en muros y pretiles, entre otros, serían los aspectos que devolverían a dicha escuela su grandeza arquitectónica propia del tiempo del art decó. 

Hoy en día, cuando las escuelas son construidas bajo un mismo modelo o patrón utilizado en todas las regiones del país, patrón monótono y anti estético además de poco funcional, es cuando adquiere la arquitectura escolar de épocas pasadas su grandeza y por ellas habla de manera elocuente un tiempo en que la escuela era tenida como un verdadero recinto de conocimientos y espacio donde se cultivaba con  verdadera vocación el espíritu del hombre. A continuación te presentamos los entrañables rostros de las maestras que en los primeros años inmediatos a la fundación de esta escuela se desempeñaban en sus aulas, tan nuevas como el alma de los niños a quienes llevaron la luz de la palabra, llave del conocimiento.

 
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