publicación Online 4 de abril de 2011
 
 
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Edición No. 265 , ABRIL 2011
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El despertar de los reptiles

José Flores Ventura

Con el advenimiento del calor que da inicio a la primavera, el campo despierta de su letargo invernal con verdores y flores multicolores de la flora que se prepara para recibir a los diversos animales. Entre estos, los reptiles que justo en esta época surgen de sus refugios hambrientos y descoloridos por el largo tiempo que han estado enterrados.

El despertar de los reptiles ha comenzado; las tortugas de tierra (Geopherus berlandieri), cada vez menos frecuentes en los valles del norte de Ramos Arizpe, salen de sus guaridas hechas al pie de matorrales en los montículos de aluvión, se desplazan lentamente por la mañana mientras el sol se levanta, luego avanzan buscando brotes tiernos de nopal rastrero o de otras cactáceas que comen con desesperación, haciéndolas vulnerables a los depredadores entre ellos el hombre. Cuando la temperatura del día sobrepasa los 28 grados centígrados escarban echaderos poco profundos cercas de sus guaridas debajo de matorrales para sombrearse y dormir hasta que llega la tarde.

Entre las serpientes, la más notable tanto por su abundancia como por el temor que generan entre la gente del campo, es la víbora de cascabel (Crotalus sp.), éstas hacen madrigueras angostas en las laderas rocosas de las cuestas de lomeríos, salen totalmente grises y flacas, casi inmediatamente buscan alimento entre los arbustos o coyonoxtles ya que saben que es la temporada donde hacen nidada diversas aves, también capturan roedores y lagartijas por el método del asecho. Poco tiempo después mudan de piel presentándose entonces brillantes y lucidas listas a buscar pareja para procrear. Entre las especies vistas en esta temporada destacan la cascabel de cola negra (Crotalus molossus nigrescens) y la de diamantes (Crotalus scutulatus scutulatus) que son las que tienen mayor distribución en el Estado.

Las lagartijas hibernan tanto en pequeñas oquedades en las rocas como debajo de ellas o entre la arena o tierra suelta según la especie o hábitat; también mudan de piel al inicio de la primavera presentándose atrayentes para el sexo opuesto. El alimento suele ser de insectos como las chicharras que aparecen por miles en casi todo el territorio. Entre éstas hemos visto a la lagartija de collar (Crotaphytus collaris), ampliamente distribuida en el estado excepto en los boques y mesetas del sur. Su cuerpo robusto con una gran cabeza recuerda a los reptiles prehistóricos, su coloración al inicio de primavera es bastante atrayente, de tonalidad verdusca con puntos negros o blancos y marcas distintivas según el sexo.

En la sierra del Divisadero en General Cepeda, hace dos años, observé un comportamiento nunca antes descrito para alguna lagartija, ésta estaba en la sima de un pequeño arbusto de unos 50 cms. de altura con la mirada fija hacia la guarida de una tela de araña, mientras con un dedo de su extremidad anterior izquierda movía lentamente un hilo de la tela con la evidente intención de hacer salir la araña para comérsela. Tal vez ante la carencia alimenticia del momento y lugar, esta lagartija se vio en la necesidad de intentar esta estrategia y quizás ya lo había hecho con anterioridad.

Otra lagartija de belleza primaveral sin igual entre las de Norteamérica está la escamosa azul (Sceloporus cyanogenys) que con su brillo metálico sale a relucir arriba de las rocas en una exhibición para atraer a las hembras que son de tonalidades grises. Otras especies de sceloporus tienen el mismo comportamiento como Sceloporus cautus, Scelopurus minor y la endémica a La Sierra de San Lorenzo y a la de La Muralla: Sceloporus cyanostictus. La única lagartija vista activa en este invierno es la comúnmente llamada camaleón (Phrynosoma modestum) es una de las más especializadas que existen, ya que el rocio matinal lo conducen a través de su cuerpo por canales que forman las escamas hasta su boca, y su alimentación es casi exclusivamente de hormigas las cuales son abundantes todo el año.

La temperatura y humedad son factores que influyen en la distribución de la mayoría de las especies de reptiles, esto por la extensa y variada geografía del desierto chihuahuense en Coahuila que posee características distintivas a otros ecosistemas similares como la altura promedio entre los 1100 msnm a los 1300, permite que sea algo más húmedo así como el estar rodeado de altos sistemas montañosos y los pocos drenajes hacia el mar hacen posible la existencia de cuencas alguna vez lacustres así como de islas montañosas que crean regiones propias para el endemismo como en Cuatro Ciénegas donde habita la tortuga bisagra (Terrapene coahuila), Las Dunas de Bilbao con la lagartija de las dunas (Uma exsul), la Sierra Zapalinamé con la lagartija escamosa negra (Sceloporus oberon) y la Zona del Silencio donde está la gran tortuga (Gopherus falvomarginatus) entre otras.

 
                 
                             
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