publicación Online 4 de abril de 2011
 
 
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Edición No. 265 , ABRIL 2011
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¿Qué hacer con la cultura en Coahuila?

José Luis Carrillo Hernández.
Seguramente en este momento se está planteando qué hacer con la cultura y con los artistas en el war room de los distintos candidatos en esta época electoral. Qué hacer para crear una corriente de opinión favorable cuando no se tiene un proyecto ni un compromiso cultural, y puedan con ello convencer a los creadores y a la sociedad en su conjunto.

Los creadores hemos estado explayándonos en este preámbulo de la campaña electoral con el ánimo y buena fe de establecer un verdadero diálogo, señalando una serie de propuestas que en poco o nada son consideradas para diseñar las políticas culturales, las cuales sólo son recicladas por los mismos personajes que administran la cultura y los recursos económicos, pues los creadores no se sienten identificados, ni representados, ni incluidos en los programas, que más parecen improvisaciones y ocurrencias.

La mayoría de los políticos piensan que la promoción de la cultura son los festivales y aquellas actividades que ponderan las grandes concentra- ciones públicas, y contratan a grupos y personajes del medio televisivo, los cuales son beneficiados con los recursos coahuilenses, mismos que si fuesen aplicados en las escuelas, en la formación de niños y jóvenes, con programas de iniciación en las artes y la cultura, el resultado sería otro.

Se necesitan ciudadanos gustosos por el teatro, la lectura y la pintura, visitando galerías o desarrollando otras actividades creativas que le permita incluso vivir. Sin embargo, hoy los teatros están vacios, los libros de autores locales siguen sin ser leídos, la obra de artistas plásticos está en el anonimato, la música y poesía de nuestros talentos suenan mudas frente a la falta de públicos.

Las políticas del estado parecieran que le están apostando a la violencia, pues ese público está creciendo con cuestiones muy elementales de educación y cultura que lo dejan indefenso ante la violencia de la guerra anti narco (gringa-panista), la manipulación de los medios y la enajenación de la iglesia, a eso le agregamos el desempleo, las carencias de los mínimos básicos para sobrevivir; más la drogadicción, el alcoholismo y la ignorancia.

Esto es la “cultura” para el pueblo, de la cual no escapan las clases medias, pero nada se hace por revertir esto, para qué andar con discursos demagógicos y simulaciones, hay que aceptar que en la tarea de la construcción de la sociedad hemos fracasado, pues no hemos sido capaces de detener el avasallamiento a ese aparato mediatizante, manipulador y enajenante en que hemos convertido al Estado y sus componentes.

La corrupción es una constante en todos los procesos donde participan los humanos, la desconfianza, el temor y la incredulidad es lo que alimenta a la sociedad, pues no se cree en las bondades de planes y proyectos que surgen de un protocolo cegado por posiciones e intereses de los sectores que sólo se preocupan por el acceso y control del aparato político y sus beneficios.

Los resultados están a la vista, la ignorancia, la transculturización y la miseria está instalada en nuestra casa mientras tenemos una clase política y económica que agota los recursos, y las oportunidades las otorgan sólo a los que se congracian con halagos y servilismos.

Desgraciadamente nadie se atreve a modificar el tránsito de los recursos públicos, los intereses económicos y las prebendas, que al paso de las administraciones se han ido enraizando en una burocracia que gasta mucho y oferta poco. Estos recursos deben aplicarse en la formación cultural de niños y jóvenes. El tema debe estar en la mesa de debates de los candidatos.

Cada vez se hace más necesaria la atención a la demanda de servicios formativos y de divulgación de las disciplinas artísticas que de manera formal, han dejado de hacer el gobierno y las universidades, tales como escuelas o talleres de las artes, y aquellas disciplinas que le permitan a los niños y jóvenes desarrollar sus capacidades, de manera que puedan aprender artes y oficios.

Esas son las respuestas que la sociedad está demandando, no queremos a nuestra juventud convertida en carne de cañón como lo propone el gobernador priista de Chihuahua, por su incapacidad para explorar otros caminos.

Este tipo de talleres o iniciativas son las que requieren de financiamiento, de maestros, de instructores, y de quien las divulgue, para no financiar proyectos fantasmas de miles de pesos y dobles plazas de maestros comisionados como dicen que tiene Gustavo García, un tipo que se ostenta como líder de los teatreros y que aprovecha cada coyuntura política para convocar a los creadores y después vender sus posturas.

Pero éste no es el único individuo que se ostenta como representante de los creadores, ni el único en defraudar a la comunidad artística, pues muchos de éstos ya estuvieron al frente de los puestos burocráticos de cultura y sólo ha sido para beneficio propio y su club, entonces no sería extraño que las cosas continuasen así. Sin embargo, vale la pena preguntar: ¿Habrá voluntad política para cambiar todo esto?

Las necesidades comunes, los espacios restringidos, la falta de inclusión, y la coyuntura política a convocado a distintos grupos de creadores y promotores culturales a debatir públicamente este tema. Existen tres posiciones claras entre estos grupos: Unos, los más conocidos, simuladores, ex burócratas, beneficiarios o ex beneficiarios de programas que sólo pretenden conservar su status o acrecentarlo. Otros, los creadores independientes, los marginales, con una larga lista de agravios y necesidades permanentes, con demandas urgentes de ser atendidas, sin promoción, sin espacios y sin mercado. Y un tercer grupo, con miras más amplias, que propone consensuar un proyecto cultural transformador de la sociedad e inserto en un proyecto estatal.

En este sentido Rubén Moreira se ha mostrado como un hombre de ideas, propuestas y compromiso social, y seguro ha de entender que más allá de los grupitos que se están peleando el presupuesto, hay un deuda histórica que saldar, la de la cultura que educa, sensibiliza y transforma…

 
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