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Agosto 2009 |
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Las venas abiertas
de América Latina (8)
Eduardo Galeano.
Castillos de azúcar sobre los
suelos quemados de Cuba
Los ingleses se habían apoderado de la Habana en 1762. Por entonces, las pequeñas plantaciones de tabaco y la ganadería eran las bases de la economía rural de la isla. La Habana, plaza fuerte militar, mostraba un considerable desarrollo de las artesanías, contaba con una fundición que fabricaba cañones, y disponía del primer astillero de América Latina para construir en gran escala buques mercantes y navíos de guerra. En once meses los británicos introdujeron una cantidad de esclavos que normalmente hubiese entrado en quince años, y desde esa época la economía cubana fue modelada por las necesidades extranjeras de azúcar, y su jugosa plusvalía sería disfrutada por la oligarquía local y los intereses imperialistas.
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Moreno Fraginals describe el auge violento del azúcar en los años siguientes a la ocupación británica. El monopolio comercial español había saltado en pedazos; habían quedado deshechos los frenos al ingreso de esclavos. El ingenio absorbía todo, hombres y tierras. Los obreros del astillero y de la fundición y los pequeños artesanos se marchaban a los ingenios; los pequeños campesinos que cultivaban tabaco o frutas en las huertas se incorporaban también a la producci6n de azúcar. La plantación extensiva iba reduciendo la fertilidad de los suelos y cada ingenio requería cada vez más tierras.
En 1792, el tasajo, que pocos años antes era un artículo cubano de exportación, llegaba ya en grandes cantidades del extranjero, y Cuba continuaría importándolo en lo sucesivo. La jornada de trabajo de los esclavos del azúcar se extendía a 20 horas. A fines del siglo XVIII la especulación volaba: los precios de la tierra se multiplicaban por veinte en Güines; en La Habana el interés real del dinero era ocho veces más alto que el legal; en toda Cuba la tarifa de los bautismos, los entierros y las misas subía en proporción a la carestía de los negros y los bueyes.
En los mismos años en que arrasaba su propia floresta, Cuba se convertía en Ia principal compradora de madera de los Estados Unidos. El cultivo extensivo de la caña no sólo implicó la muerte del bosque sino también, a largo plazo, la muerte de la fabulosa fertilidad de Ia islas. Los bosques eran entregados a las llamas y la erosión no demoraba en aparecer; miles de arroyos se secaron. Actualmente, el rendimiento por hectáreas de las plantaciones azucareras de Cuba es inferior en más de tres veces al de Perú.
A mediados del siglo XIX, había en Trinidad más de 40 ingenios. Pero vino la crisis de 1857, cayeron los precios del azúcar y la ciudad cayó con ellos, para no levantarse nunca más .Un siglo después, cuando los guerrilleros de la Sierra Maestra conquistaron el poder, Cuba seguía con su destino atado a la cotización del azúcar. “El pueblo que confía su subsistencia a un solo producto, se suicida”, había profetizado José Martí.
En 1920, con el azúcar a 22 centavos la libra, Cuba batió el record mundial de exportaciones por habitante, y tuvo el mayor ingreso per capita de América Latina. Pero ese mismo año, en diciembre, el precio del azúcar cayó a cuatro centavos, y en 1921 quebraron numerosas centrales azucareras, que fueron adquiridas por intereses norteamericanos, y todos los bancos cubanos o españoles incluyendo el Banco Nacional. Sólo sobrevivieron las sucursales de los bancos de Estados Unidos. Una economia tan dependiente y vulnerable como la de Cuba no podía escapar, posteriormente, al impacto feroz de la crisis de 1929 en Estados Umdos, el precio del azúcar llegó a bajar a mucho menos de un centavo en 1932, y en tres años las exportaciones se redujeron a la cuarta parte.
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El desastre de 1921 había sido provocado por la caída del precio del azúcar en el mercado de los Estados Unidos, y de los Estados Unidos no demoró en llegar un crédito de cincuenta millones de dólares: en ancas del crédito, llegó también el general Crowder; so pretexto de controlar la utilización de los fondos. Crowder gobernaría el país. Gracias a sus buenos oficios la dictadura de Machado llega al poder en 1924, pero la gran depresión de los años treinta se lleva por delante, paralizada Cuba por la huelga general, a este régimen de sangre y fuego.
Desde 1948, Cuba recuperó su cuota para cubrir la tercera parte del mercado norteamericano de azúcar, a precios inferiores a los que recibían los productores de Estados Unidos, pero más altos y más estables que los del mercado internacional. Ya con anterioridad los Estados Unidos habían desgravado las importaciones de azúcar cubana a cambio de privilegios similares concedidos al ingreso de los artículos norteamericanos en Cuba.
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Todos estos favores consolidaron la dependencia. “El pueblo que compra manda, el pueblo que vende sirve; hay que equilibrar el comercio para asegurar la libertad; el pueblo que quiere morir vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse vende a más de uno”, había dicho Martí y repitió el Che Guevara en Ia conferencia de la OEA, en Punta del Este, en 1961. La producción era arbitrariamente limitada por las necesidades de Washington. El nivel de 1925, unos cinco millones de toneladas, continuaba siendo el promedio de los años cincuenta: el dictador Fulgencio Batista asaltó el poder, en 1952, en ancas de la mayor zafra hasta entonces conocida, más de siete millones.
Cuando despuntaba el siglo XX se leía en el Louisiana Planter: “Poco a poco va pasando toda la isla de Cuba a manos de ciudadanos norteamericanos, lo cual es el medio más sencillo y seguro de conseguir la anexión a los Estados Unidos”. Cuando cayó Batista en 1959, Cuba vendía casi todo su azúcar a Estados Unidos. Cinco años antes, un joven abogado revolucionario había profetizado, ante quienes lo juzgaban por el asalto al cuartel Moncada, que la historia lo absolvería; había dicho en su vibrante alegato: “Cuba sigue siendo una factoría productora de materia prima. Se exporta azúcar para importar caramelos.” Cuba importaba cerca de la mitad de las frutas y las verduras que consumía. Trece ingenios norteamericanos disponían de más de 47 por ciento del área azucarera total. La riqueza del subsuelo cubano -níquel, hierro, cobre, manganeso, cromo, tungsteno- formaba parte de las reservas estratégicas de los Estados Unidos. En 1958 había en Cuba más prostitutas registradas que obreros mineros, un millón y medio de cubanos sufría el desempleo total o parcial.
Cuando triunfó la revolución, el primer día de 1959, el desarrollo industrial de Cuba era muy pobre, más de la mitad de la producción estaba concentrada en La Habana y las pocas fábricas con tecnología moderna se teledirigían desde los Estados Unidos. Regino Boti, coautor de las tesis económicas de los guerrilleros de la sierra, cita el ejemplo de una filial de la Nestlé que producía leche concentrada en Bayamo: “En caso de accidente, el técnico telefoneaba a Connecticut y recibía instrucciones sobre las medidas a tomar... Después de la nacionalización ya no se podía telefonear para pedir socorro y los técnicos que hubieran podido reparar los desperfectos habían partido”.
La mitad de los niños cubanos no iba a la escuela en 1958, pero la ignorancia era, como denunciara Fidel Castro tantas veces, mucho más grave que el analfabetismo. La campaña de 1961 movilizó a un ejército de jóvenes voluntarios para enseñar a leer y a escribir a todos los cubanos y los resultados asombraron al mundo: Cuba ostenta actualmente, según la UNESCO, el menor porcentaje de analfabetos y el mayor porcentaje de población escolar, primaria y secundaria, de América Latina. Sin embargo, la falta de cuadros técnicos eficaces, Ia incompetencia de la administración y la desorganización del aparato productivo, continúan interponiendo obstáculos al desarrollo del socialismo.
Ahora se sabe. No murieron en vano los que murieron: Amancio Rodríguez, por ejemplo, acribillado a tiros por los rompehuelgas en una asamblea, que había rechazado furioso un cheque en blanco de la empresa y cuando sus compañeros lo fueron a enterrar descubrieron que no tenía calzoncillos ni medias para llevarse al cajón, o por ejempio Pedro Plaza, que a los veinte años fue detenido y condujo el camión de soldados hacia las minas que él mismo había sembrado y voló con el camión y los soldados.
Pienso que no resultaba casual que Fidel Castro reclutara a las tres cuartas partes de sus guerrilleros entre los campesinos, hombres del azúcar, ni que la provincia de Oriente fuera, a la vez, la mayor fuente de azúcar y de sublevaciones en toda la historia de Cuba. Luego de la revolución, el azúcar que había sido el factor del subdesarrollo, paso a convertirse en un instrumento del desarrollo. No hubo más remedio que utilizar los frutos del monocultivo y la dependencia, nacidos de la incorporación de Cuba al mercado mundial, para romper el espinazo del monocultivo y la dependencia. Las importaciones de maquinarias y de instalaciones industriales crecieron en un 40 por ciento desde 1958; el excedente económico que el azúcar genera se moviliza para desarrollar las industrias básicas y para que no queden tierras ociosas ni trabajadores condenados a la desocupacion.
La industria del cemento y las plantas de electricidad han cobrado un asombroso impulso; las nuevas fábricas de fertilizantes han hecho posible que hoy se utilicen cinco veces más abonos que en 1958. Los embalses, creados por todas partes, contienen hoy un caudal de agua setenta y tres veces mayor que el total de agua enmbalsada en 1958, y han avanzado con botas de siete leguas las áreas de riego. Nuevos caminos, abiertos por toda Cuba, han roto la incomunicación de muchas regiones. Grandes progresos se han realizado en la mecanización del corte y el alza de la caña, en buena medida en base a las invenciones cubanas.
Cuando la revolución conquistó el poder, según Fidel Castro, la mayoría de los cubanos no era ni siquiera antiimperialista. Los cubanos se fueron radicalizando junto con su revolución, a medida que se sucedían los desafíos y las respuestas, los golpes y los contragolpes entre La Habana y Washington, y a medida que se iban convirtiendo en hechos concretos las promesas de justicia social: Se construyeron 170 hospitales nuevos y otros tantos policlínicos y se hizo gratuita la asistencia médica; se multiplicó por tres la cantidad de estudiantes matriculados a todos los niveles y también la educación se hizo gratuita. Gran parte de la población no paga alquiler y ya son gratuitos los servicios de agua, luz, teléfono, funerales y espectáculos deportivos. Los gastos en servicios sociales crecieron cinco veces en pocos años. La presión del consumo, que es ahora consumo de todos y no de pocos, también obliga a Cuba al aumento rápido de las exportaciones, y el azúcar continua siendo la mayor fuente de recursos.
Los propios cubanos han terminado de confirmar que el socialismo se construye con los dientes apretados y que la revolución no es ningún paseo. Hay escasez de diversos productos: en 1970 faltan frutas, heladeras y ropa; las colas no sólo resultan de la desorganización de la distribución. La causa esencial de la escasez es la nueva abundancia de consumidores.
Esta revolución acosada, que ha debido soportar invasiones y sabotajes sin tregua, no cae porque -extraña dictadura- la defiende su pueblo en armas. Los expropiadores expropiados no se resignan. En abril de 1961, la brigada que desembarcó en Playa Girón no estaba formada solamente por los viejos militares y policías de Batista, sino también por los dueños de más de 370 mil hectáreas de tierra, casi diez mil inmuebles, setenta fábricas, diez centrales azucareros, tres bancos, cinco minas y doce cabarets.
En 1965, otro país azucarero, la República Dominicana, sufrió la invasión de unos cuarenta mil marines dispuestos “a permanecer indefinidamente en este país, en vista de la confusión reinante”, según declaró su comandante, el general Bruce Palmer. La caída vertical de los precios del azúcar había sido uno de los factores que hicieron estallar la indignación popular; el pueblo se levantó contra la dictadura militar y las tropas norteamericanas no demoraron en restablecer el orden. Dejaron cuatro mil muertos en los combates que los patriotas libraron, cuerpo a cuerpo, entre el río Ozama y el Caribe, en un barrio acorralado de la ciudad de Santo Domingo. La Organización de Estados Americanos -que tiene la memoria del burro, porque no olvida nunca dónde come- bendijo la invasión y la estimuló con nuevas fuerzas. Había que matar el germen de otra Cuba.
(Continuará).
Gracias al sacrificio de los esclavos en el Caribe,
nacieron la máquina de James Watt y los cañones de Washington...
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